La respuesta del gobierno de Lula 1.0 fue que“su” guerra era contra el hambre. Veinte años después, vuelve a plantearse una relevante diferenciación desde Brasil, pero desde otro lugar político y frente a una posición distinta de poder mundial de Estados Unidos. Mientras Biden(2021-) insiste en la utilización de la guerra para cohesionar fuerzas domésticamente, para el gobernante brasilero el desafío de lidiar con la fragilidad del sistema democrático afectado por severas fracturas políticas nacionales reclama diálogo, pacificación y desarme. En este sentido, el gobierno Lula defiende la centralidad de la defensa pacífica de la democracia. Esta es la base legitimadora del activismo internacional que asume al promover una solución diplomática a la guerra rusa-ucraniana. La posición brasilera enfrenta, sin embargo, diversos desafíos. En el plan doméstico, el voto de aprobación de la resolución de la ONU A / S -11/ L 7 S condenando a la agresión de Rusia a Ucrania y demandando su inmediata retirada militar, al lado de las potencias occidentales, ha sido cuestionado por sectores internos incluyendo a algunos del Partido de los Trabajadores. Al mismo tiempo, la probabilidad de que Washington y Bruselas apoyen a la acción de Brasil parece remota, aún más después de las críticas que emitieron al plan lanzado por Beijing. Prevalece, en Occidente, la visión de que las iniciativas de paz cualquiera fuesen, sean apresurar los tiempos y favorecer a Rusia. Entre los buenos oficios y un liderazgo periférico Es indiscutible que hoy son escasos los recursos con que cuenta el gobierno brasilero para lanzarse en una cruzada por la paz en Ucrania. En términos diplomáticos, será esencial que Brasilia busque construir una red países asociados y de distinta procedencia regional, además del endoso de los órganos clave del sistema ONU . La diplomacia presidencial será la plataforma utilizada por el gobierno Lula para avanzar en esta dirección. Más que la intención de revindicar un multilateralismo del sur, la iniciativa de paz de Brasil representa una postura a favor del multipolarismo con el Sur. Las articulaciones con socios de los BRICS como India y Sudáfrica, sumado a países como Turquía e Indonesia, buscan contestar la acusación de neutralidad por parte de los países en desarrollo al optar por no involucrarse, vía armamentos y sanciones, en el conflicto ucraniano. Al mismo tiempo, Lula busca sumar esfuerzos con otras propuestas de pacificación, particularmente la de China. Todos comparten aprehensiones frente a la escalada militar del conflicto y a las consecuencias económicas mundiales derivadas de la batería de sanciones a Rusia y de una potencial recesión después de años de pandemia. Este sentimiento recorre también a América Latina. Resulta poco convincente, visto desde la periferia, que Estados Unidos y Europa aleguen que en esta guerra se juega la defensa de un presunto orden basado en reglas. Ese orden, de hecho, fue horadado por Estados Unidos y varios socios de Europa en distintas oportunidades desde el final de la Guerra Fría. A su vez, el fuerte esquema de sanciones a Rusia y el desacople entre Occidente y Moscú apunta a debilitar a Putin. No obstante, ello no parece acelerar la terminación de la guerra. De hecho, las acciones desplegadas, en particular, por Rusia, Estados Unidos y la mayoría de los países europeos apuntan a prolongar la confrontación. Un comportamiento responsable sería el que procure una distensión entre las partes involucradas y la eventualidad de conformar una instancia de negociación. Una iniciativa de paz, como la de Brasil, puede comenzar con una fórmula genérica que, en su desarrollo conduzca a una alternativa realista a la guerra; lo cual no implica desconocer que en su momento habrá que precisar responsabilidades y reparaciones. En la Segunda Guerra Mundial los países de Sur participaron en su condición de colonias o en razón de un alineamiento. Durante la Guerra Fría fueron escenario de disputas ajenas. En esta guerra con proyección global, si no apoyan el conflicto, sea del lado que sea, entonces son países que no existen; lo que remitiría a una especie de condición pre-colonial. De hecho, se estaría entre la opción de silenciarse, hablar en el vacío o insistir tozudamente en el valor de la paz. Es el momento de preguntarse por qué la paz y la negociación diplomática son percibidas en una guerra global como opciones tan disfuncionales para los que la promueven. Pregunta aún más necesaria cuando para gran parte de la comunidad internacional el conflicto plantea riesgos que pueden implicar resultados más crueles y letales, tanto para Ucrania como para el mundo. Acerca de la autora y el autor Mónica Hirst . Doctora en estudios estratégicos en el Programa de maestría en estudios internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella. Investigadora asociada al NEAPPE / IESP / de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro Juan Gabriel Tokatlian . Vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella(Argentina). Especialista en relaciones internacionales, política exterior, narcotráfico, terrorismo y crimen organizado. Fuente Publicado en marzo de 2023 en el Newsletter 12 de la Red Latinoamericana de Seguridad Incluyente y Sostenible. Disponible en: https://colombia.fes.de/detail/lula-y-la-pazen-ucrania Las múltiples caras de la seguridad en América Latina. Selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad 25
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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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