Buch 
Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
Entstehung
Einzelbild herunterladen
 

Entre la percepción y la realidad Mónica Hirst/ Juan Gabriel Tokatlian Es común escuchar que las relaciones entre Estados Uni­dos y China hoy tienen un correlato con lo que fuera la dis­puta entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el pasa­do. El libro Guerra Fría 2.0 y el post scriptum de Mariano Aguirre nos plantean elementos claves, desde lo concep­tual y lo político, para que avancemos en la controversia sobre los pros y contras del encuadramiento del presente como una segunda Guerra Fría. La esencia de la competencia hoy es diferente de la dispu­ta entre Washington y Moscú del siglo XX . En el pasado, la Guerra Fría se apoyó en la idea de que la confrontación Es­tados Unidos-Unión Soviética era existencial. Como bien explica Aguirre, el enfrentamiento actual entre Estados Unidos y China se da en un mismo sistema económico y en un marco competitivo distinto: el antagonismo es resul­tado de la exacerbación de una rivalidad intra-capitalista y en el marco de una transición de poder de Occidente a Oriente. Claro que las disputas geopolíticas que las dos po­tencias imponen niveles crecientes de securitización en las narrativas utilizadas por ambos. Este es un debate abierto y estimulante, sobre el cual nos gustaría presentar algunas consideraciones a partir de dos argumentos centrales: primero, el indiscutible sentido fun­dacional del actual momento internacional; y segundo, que la tendencia observable en el sistema internacional es la coexistencia entre los núcleos centrales de poder mundial (Estados Unidos+ Unión Europea y China+ Rusia) en un marco binario de cooperación/conflicto más que una única dinámica de confrontación. En tal sentido, no se pueden ig­norar las tramas de intereses y actores entre ellos y tampo­co lo que los entrelaza con los demás miembros de la co­munidad de naciones. Si comparamos con otras épocas, conflicto y cooperación siguen las mismas lógicas de anta­ño entre superpotencias. Sin embargo, la multiplicidad de dinámicas y variedad de combinaciones de agendas y ca­pacidades de agencia introducen nuevas complejidades y múltiples intereses. Más que la dinámica de confrontación prevalece una lógica de diferenciación que deriva en frag­mentación. A partir de los dos argumentos medulares, sugerimos seis puntos reflexión, algunos que remarcan los contrastes en­tre el pasado y el presente y otros que procuran destacar las dinámicas de coexistencia/convivencia entre las gran­des potencias mundiales. El deja y el lugar que ocupan las narrativas La idea de que la rivalidad Estados Unidos-China es la re­producción de un patrón de competición ya conocido en la historia de las relaciones internacionales puede remitir a la aplicación de la noción del deja que, de acuerdo con la neurociencia, implica una ilusión de la memoria. Dicha ilu­sión es funcional para reforzar determinados consensos do­mésticos en Estados Unidos alrededor de percepciones amenazantes, supuestas lecciones y necesidad de repeti­ciones de pautas de comportamiento. En Occidente, Washington busca arraigar la doble imagen de que Estados Unidos, tal como en la Guerra Fría, es el principal arquitecto y líder del orden internacional liberal y jde que China, como antaño la URSS , tiene como objetivo primordial arrasar con las reglas de juego vigentes presun­tamente siempre respetadas por Occidente. Washington tampoco ha abandonado su insistencia en el regime chan­ge, su afán intervencionista, ni la diplomacia coercitiva como instrumentos de su visión de mundo conflictiva. A partir de la caída del Muro de Berlín se inauguró el corto ciclo de la Posguerra Fría. Elnuevo orden enunciado des­de Estados Unidos a principios de la década de los noven­ta, con sus ambiciosas promesas de estabilidad, justicia y equidad, estuvo atravesado por múltiples crisis, impugna­ciones, conflictos y fracasos. Occidente ha sido un protago­nista central del incumplimiento de esa promesa. Para una parte importante del mundo ese tramo de la historia fue traumático y dramático como lo muestran las guerras con­tra el terrorismo, contra las drogas y contra los migrantes. Si el inicio del ciclo comenzó con el colapso de la URSS , su clausura se concretó con la invasión de Rusia a Ucrania. En ese sentido, una primera cuestión a dilucidar es si Esta­dos Unidos está dispuesto a modificar la narrativa de su gran estrategia. La década de los noventa fue intensa en términos de debates y alternativas de política exterior y de defensa, pero con un principio orientador central: la aspira­ción de promover una convergencia económica y política internacional en condiciones de unipolaridad. Los atenta­dos del 11 de septiembre de 2001 facilitaron una definición terminante: Estados Unidos desplegaría una estrategia de primacía que significa que no se tolera la existencia de un poder de igual talla; sea ese un socio(Europa), un exene­migo resurgente(Rusia) o un contrincante en ascenso(Chi­na). George W. Bush(2001-2009) implementó una primacía agresiva sustentada en la fuerza y el unilateralismo. Barack 26 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.