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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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Obama(2009-2017) ensayó una primacía calibrada con cierto tacto diplomático y consulta con los aliados próxi­mos. Donald Trump(2017-2021) ejerció una primacía ofus ­cada, despreciando el multilateralismo y maltratando a cercanos y oponentes por igual. Joe Biden(2021-2025) no abandonó la primacía, la dosificó, procurando alinear más contrapartes para cercar a China y fortaleciendo su proyec­ción militar; en espacial en el Indo-Pacífico. En un mundo en que solo existe capitalismo los intereses importan más que las percepciones Los vínculos entre Washington y Moscú se caracterizaron por una enemistad integral debido a la existencia de dos modelos antagónicos en lo social, lo económico y lo políti­co. Los contactos culturales fueron escasos y los nexos ma­teriales soviético-estadounidenses fueron exiguos: 1979 fue el año récord de intercambio bilateral, alcanzado los US$ 4.500 millones de dólares. La esencia de la competencia entre las superpotencias se medía de acuerdo a su capaci­dad mutua de destrucción: en 1982, cada uno de poseía aproximadamente 10.000 ojivas nucleares. Estados Unidos y China expresan hoy dos modalidades contrapuestas de capitalismo a pesar de que las reformas de Deng Xiaoping en 1978 apuntaban a modernizar el so ­cialismo de un país notablemente atrasado. La relación en­tre Washington y Beijing se despliega en el marco de una acelerada transición de poder en el campo de las relacio­nes internacionales, más propia de las pugnas clásicas en­tre grandes potencias, aunque con rasgos distintivos: se trata de una transición de poder de Occidente a Oriente(y no el seno de Occidente), en un mundo con cuantiosos ar­senales nucleares(hecho sin precedentes históricos) y con la presencia de diversos centros(estatales y no guberna­mentales) con distintos atributos recursivos y de influencia. La pugna intra-capitalista requiere, a diferencia de la Gue­rra Fría, colocar el acento en la evolución de las economías de Estados Unidos y China, en sus capacidades educativas, científicas y de innovación tecnológica, en sus dinámicas comerciales, en sus fortalezas tangibles(materiales y mili­tares), en la sustentabilidad ambiental de sus modelos pro­ductivos, en sus modos de proyección de poder, en las apti­tudes para reforzar su despliegue mediante recursos típicos del soft power, y en sus aportes a la gobernanza mundial. También es importante tener presente que Beijing ha teni­do y tiene una postura nuclear muy diferente de la que tuvo la URSS; China compite hoy más material que militar­mente con Estados Unidos. Sin duda es por ahí que irán las fricciones del futuro: comercio, finanzas, tecnología, etc. Este es un gran cambio con respecto a la Guerra Fría. El lugar de los actores no estatales La rivalidad entre los dos países es un hecho, pero lo es también la interdependencia, lo que implica una decisiva presencia de actores no gubernamentales. El comercio bi­lateral alcanzó el récord histórico de US$ 690 mil millones de dólares en 2022, mientras las inversiones acumuladas entre 1990-2019 de China en Estados Unidos llegaron a US$ 150 mil millones de dólares y las de Estados Unidos en China para el mismo periodo sumaron US$ 284 mil mi ­llones. Las corporaciones económicas de los dos países, las articulaciones de las cadenas de valor entre estas y ter­ceros proveedores, especialmente del mercado asiático, son los actores dominantes en los negocios que mueven estas cifras. También está la interacción en otros campos no guberna­mentales. La presencia de ONG de Estados Unidos en Chi­na en la Posguerra Fría cumplió un rol de formación y en­trenamiento para la internacionalización de organizaciones semejantes de origen chino que hoy día actúan en diferen­tes partes, especialmente en el entorno asiático. Los inter­cambios en el ámbito académico también merecen men­ción: en 2019, el año previo a la pandemia del Covid de los 1095.000 estudiantes extranjeros en Estados Unidos, 369.000 provenían de China. La diversidad de los regionalismos Durante las décadas de la Guerra Fría los regionalismos es­tuvieron subordinadas a lógicas securitizadas impuestas por la bipolaridad. Ya en su etapa de creación tanto la Co­munidad Económica Europea como la Organización del Tratado del Atlántico Norte respondieron a las prioridades estratégicas de contención de la URSS. En Latinoamérica y Europa las dos superpotencias impusieron la noción de una soberanía limitada asociada a la idea de esfera de influen­cia consistente en el hecho de que la decisión de modificar drásticamente la pertenencia a uno y otro bloque sería sancionada con severidad. Cada uno, a su vez, promovía un cambio de régimen en los países del entonces Tercer Mundo en concordancia con sus preferencias ideológicas. El fin de la Guerra Fría implicó una reconfiguración del lu­gar, e importancia relativa, de los espacios regionales en el sistema internacional. En los estudios internacionales se in­dica un intento de desacople de las regiones frente a los condicionantes impuestos por una estricta bipolaridad. Más recientemente, los regionalismos han ganado especifi­cidad y peso variado que dificultan una nueva ola de accio­nesdisciplinarias pautadas por imposiciones geopolíticas de las grandes potencias. Los espacios regionales se torna­ron más diversos y protagónicos. Ya en espacios como el asiático, se han expandido capacidades interempresariales para resistir a adversidades externas, en África ganaron re­levancia los esfuerzos colaborativos para la búsqueda de un mayor relacionamiento comercial y en América Latina, pasaron a prevalecer dinámicas centrifugas causadas esen­cialmente por una persistente fragmentación política. En este caso adquiere visibilidad la presencia de poderes me­dianos regionales: México en América de Norte y Brasil en Sudamérica. Las múltiples caras de la seguridad en América Latina. Selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad 27