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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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La tendencia a la militarización y caminos para la sociedad civil Natália Pollachi La militarización es la tendencia de la mayoría de las insti­tuciones de seguridad pública. Esas gigantes estructuras se mueven en la inercia, a menos que en su camino sean co­locados frenos, desvíos y señales que les hagan cambiar su dirección. En muchos países de Latinoamérica y de otras regiones se está produciendo una creciente militarización de la seguri­dad pública. Es posible ver esta tendencia como una pre­disposición de los sistemas de seguridad por la forma como están configurados. Históricamente, muchos de ellos derivaron de estructuras militares o se formaron en ellas. Algunas se están modernizando, pero, en general, son ins­tituciones con poca diversidad interna, predominantemente masculinas y blancas en sus altos niveles, y muy jerarqui­zadas. Todo esto desestimula la aparición de ideas diver­gentes. La manera como muchas construyen el ethos de militar o de policía también las lleva a ser una institución corporativista cerrada en misma, alejada de debates so­ciales y menospreciando contribuciones que vengan de otras especialidades u otros sectores. A esto se suman presiones sociales y políticas que, legíti­mamente preocupadas con su seguridad, se remiten a lo que ya conocen y demandan soluciones inmediatistas o populistas: más prisión, más policía en las calles y más combate. Por esos motivos, la militarización termina sien­do la tendencia de la mayoría de las instituciones de segu­ridad pública. Con tantos aspectos que le reconfirman su papel, esas gigantes estructuras se mueven en la inercia, a menos que en su camino sean colocados frenos, desvíos y señales que les hagan cambiar su dirección. Aquí está el papel fundamental de la sociedad civil, de la academia, del periodismo y de los análisis críticos sobre se­guridad. Es necesario cuestionar presunciones y buscar ac­tivamente nuevos puntos de vista y nuevas posibilidades de promoverla. Y diseñar investigaciones con buena meto­dología científica capaz de romper perspectivas sesgadas. También, se precisa analizar resultados desde ángulos va­riados y verificar diferentes mensajes, por ejemplo, de re­ducción de indicadores criminales, de confianza pública y de eficiencia. Frente a la escasez crónica de recursos públicos, es estra­tégico también identificar cuáles serían los puntos esen­ciales para invertir y promover cambios en cadena. Con ese tipo de evidencia en las manos, es posible promover mudanzas en diálogo externo e incluso en cooperación in­terna con instituciones de seguridad. Comparto dos breves ejemplos. En Brasil tenemos altos niveles de letalidad policial, su­mando hasta 13% de todas muertes violentas del país y vic ­timando especialmente jóvenes negros. Después de una serie de episodios de abuso del uso de la fuerza por parte de la Policía Militar del estado de São Paulo grabados en video por testigos, con presión de organizaciones de la so­ciedad civil y de familiares de víctimas, con la atención de la prensa y con investigaciones apuntando que ese es un problema sistémico, el gobernador del estado y el coman­dante de la policía se abrieron para nuevas posibilidades e iniciaron un proyecto interno de reducción de letalidad. Con uso de cámaras corporales, cambios en la formación, comisiones que estudian cada operación que causa la muerte de ciudadanos, uso de armas menos letales y re­fuerzos de salud mental, en dos años la letalidad policial en el estado se redujo 30% y la muerte violenta de policia ­les también cayó. En algunas unidades policiales la letali­dad disminuyó, inclusive, hasta 80%. Esos resultados están sacudiendo la sociedad y a todas las policías militares del país. En diferentes grados y velocidades, promueven cues­tionamientos estructurales, como qué tipo de policía que queremos, cómo es su relación con la sociedad y cuál es el rol del racismo estructural en esas muertes. En otro caso, hemos identificado la importancia de arrojar luz sobre la policía judicial que conduce investigaciones, tanto para contraponerse a la ostentación de la fuerza poli­cial en la calle y su militarización, como porque se precisan investigaciones de calidad para comprender dinámicas cri­minales, para responder a crímenes organizados al igual que a nuevos retos de crímenes digitales y promover mayor acceso a la justicia. Pronto identificamos que la tasa de solución de homicidios en Brasil era sorprendentemente baja, alrededor de 32%, e identificamos puntos de fragilidad en sus procesos. Ese no era un tema discutido en la sociedad y tampoco encontra­mos puertas abiertas para el diálogo. Hicimos un ranking de solución de casos entre los diferentes estados brasileños y una larga campaña de comunicación en lenguaje accesi­ble para la población, explicitando el problema y el con­traste de tener prisiones llenas de pequeños traficantes no violentos mientras no resolvemos los casos de homicidios. El ranking incomodó a jefes de policía y gobernadores, ge­nerando artículos en la prensa con historias reales y estu­Las múltiples caras de la seguridad en América Latina. Selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad 47