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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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4. INTERSECCIONES: GÉNERO, DERECHOS HUMANOS, CLIMA La seguridad feminista Arlene B. Tickner Todo feminismo, sea de corte liberal, marxista, posestruc­turalista o poscolonial, se centra en la categoría analítica de género, sus efectos en la organización política, econó­mica y social del mundo de una manera que refuerza las ideas hegemónicas sobre la masculinidad y que devalúa la feminidad y su incidencia en las relaciones de poder y do­minación en la sociedad(Tickner, 2001; Enloe, 2000; Sjo ­berg, 2010). El género se entiende como la construcción so ­cial de diferencias sexuales entre hombres y mujeres que redunda en atributos y roles diferenciados que se ven refle­jados en binarios tales como masculino/femenino, público/ privado, fuerte/débil, racional/irracional y protector/prote­gido. Estos sitúan a lo masculino como superior en relación con lo femenino y atribuyen al primero valores que tradi­cional, cultural e históricamente han estado asociados con lo virtuoso y lo deseable(Peterson y True, 1998). Al hacer una lectura de las relaciones internacionales y del dominio de la seguridad desde el lente de género, el femi­nismo ha criticado su carácter eminentemente masculino, dada la primacía de lo estratégico-militar así como la valo­ración de distintos atributos asociados con la masculinidad (hegemónica), entre ellos la fuerza, el poder y la autono­mía. A su vez, ha identificado un vínculo estrecho entre la masculinidad y el militarismo, una ideología ampliamente aceptada acerca del funcionamiento de los seres humanos y el mundo, que incluye su supuesta proclividad al conflic­to, la naturalidad de tener enemigos y la importancia de la hombría en tiempos de crisis(Enloe, 2004). Además de identificar el vínculo entre los valores masculi­nos y determinados repertorios de seguridad, el militarismo y la tendencia a la militarización –que a diferencia de la securitización, aquí se explica en función de género–, una sensibilidad feminista busca posicionar la pregunta ¿dónde están las mujeres? en espacios en los que los hombres han sido dominantes, así como visibilizar sus experiencias e in­seguridades particulares. Esta última postura se asemeja a las propuestas hechas desde la seguridad humana y la es­cuela de Aberystwyth en cuanto a su llamado común a profundizar el objeto referente de la seguridad para incluir otros actores, incluidas las personas, y también a ampliar las fuentes de inseguridad más allá de lo militar(Peoples y Vaughan-Williams, 2015). El feminismo propone un análisis multidimensional para entender cómo la seguridad de los individuos y los grupos se ve afectada por violencias físicas y estructurales que se presentan en diversos niveles(Tickner, 2001). Este enfoque, como la mayoría de propuestas feministas, parte de una lectura desde abajo de la seguridad, que indaga la forma en que diferentes fenómenos se manifiestan desde el nivel micro en los espacios privados. El objetivo es poner en evi­dencia la existencia de violencias y otras formas de insegu­ridad que pasan inadvertidas al enfocar el lente analítico solo en los espacios públicos, y que afectan de manera par­ticular a las mujeres(y niñas y niños). Una de las áreas en las que el feminismo hace importantes aportes es en el análisis del conflicto violento. Por una par­te, habla sobre la necesidad de introducir una perspectiva basada en género para evidenciar que la conceptualización de la seguridad, la guerra y el conflicto está arraigada en sus lógicas. Por otra, el género desglosa las maneras en que los supuestos dominantes acerca de la masculinidad y la feminidad organizan las políticas y prácticas de la segu­ridad y la guerra. Entre estas, la masculinidad hegemónica está detrás del pensamiento estratégico de las comunida­des militares y políticas, así como el uso de determinadas tácticas de guerra como la violencia sexual y la violación genocida, las cuales desmienten elmito de la protección que acompaña los discursos dominantes acerca del rol so­cial de los soldados y el Estado(Sjoberg, 2010, 2018). Con el fin de corregir estas limitaciones, el feminismo ha buscado introducir consideraciones acerca de las perspecti­vas, necesidades e inseguridades de las mujeres(y niñas y niños) a la hora de analizar fenómenos como la guerra, las misiones de mantenimiento de paz, las intervencioneshu­manitarias y la reforma al sector seguridad. Entre los resultados políticos de esta labor se destaca la Resolución 1325 de 2000 del Consejo de Seguridad de la ONU y la agenda mujer, paz y seguridad que se desprendió de ella, referentes a la necesidad de protección de las mu­jeres alrededor del mundo y a la importancia de adoptar un enfoque de género para la comprensión de fenómenos como la seguridad y el rol esencial que desempeñan las mujeres en el mantenimiento de la paz. Empero, la resolu­ción ha sido criticada porque tendría un sesgo liberal al re­presentar a las mujeres como un cuerpo homogéneo al ser­vicio del pacifismo y el orden social, lo cual esencializa lo femenino y puede reproducir comprensiones dominantes que legitiman en lugar de corregir las desigualdades y vio­lencias de género(Sheperd, 2008). Finalmente, el concepto(feminista) de la interseccionali­dad permite entender de qué manera género, etnicidad, Las múltiples caras de la seguridad en América Latina. Selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad 57