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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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la sociedad civil, el feminismo político y la academia. La responsabilidad del Estado como habilitador es crucial para comprender completamente este fenómeno. Llegar a este punto solo fue posible gracias a la acción y reflexión de la sociedad civil y de comunidades en las que el femini­cidio es o ha sido una cotidianidad de terror. El feminicidio pone de presente la importancia de la res­puesta comunitaria ante la violencia sistémica y de Estado. La organización para difundir información, buscar familia­res y divulgar sobre la burocracia que involucra la búsque­da de justicia ha sido sobresaliente en América Latina. Ejemplos de esto son La Red de Mesa de Mujeres(de Ciu­dad Juárez), la asociación Nuestras Hijas de Regreso a Casa(de Ciudad Juárez) y las Madres Buscadoras de Sono­ra. En décadas pasadas, este tipo de agrupaciones, actuan­do en tiempos de represión y dictadura, han desarrollado los mecanismos que sedimentaron los conocimientos y he­rramientas de búsqueda. Tal es el caso de Eureka en Méxi­co y las Madres de Plaza de Mayo en Argentina. Esto se unió a los reportes de organizaciones no gubernamentales y la comunidad internacional, alarmados por el asesinato sistémico de mujeres tales como los de Amnistía Interna­cional y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Lagarde en Fregoso y Bejarano, 2016). Su tipificación como delito en diferentes países de América Latina ha sido posible gracias a la movilización social y la presión de or­ganizaciones de derechos humanos. El trabajo de la sociedad civil se une a los análisis académi­cos interesados en la violencia extrema y, en particular, los asesinatos. El estudio del feminicidio en la academia ha im­plicado preguntarse sobre la jerarquía social dada a la mu­jer desde una dinámica interseccional. En otras palabras, es imposible entender la experiencia social, legal y académica del feminicidio sin tomar en cuenta la vulnerabilidad de mujeres en América Latina, no solo por su género, sino tam­bién por la marginación social, racial y económica. El rol de la sociología de la violencia En general, en la sociología de violencia en América Latina el asunto dehacer morir es central. El análisis del uso de los cuerpos como despersonalizados y vulnerables a una muerte vista por el statu quo comoaceptable o incluso necesaria tiene un auge considerable en la región. La ne­cropolítica 1 interesa a autores que estudian el racismo den­tro de una sociedad y Estado que consideran aceptable la muerte de personas racializadas(Cacho, 2012; Ferreira da Silva). En otras palabras, que los cuerpos ya de por vul­nerables son marginados al punto que se les coloca en una categoría aparte, negado de las consideraciones y derechos más básicos de la población general, un fenómeno conoci­do como despersonalización. A la que se aúna la criminali­zación de los cuerpos, es decir, conjeturar la posible partici­pación de las víctimas en actividades ilegales para explicar su muerte, volviéndolos así responsables de su propia muerte. La cual supone una revictimización, una violencia post mortem, al conjeturar que la persona asesinada ha muerto por su propia culpa o como consecuencia de actos no legales en los que estaba involucrada. Ver el estudio del feminicidio como uno de seguridad crítica nos permite en­fatizar las maneras específicas en que el cuerpo feminiza­do puede ser sometido a castigos sociales(como la exclu­sión), físicos(como la aceptación y ejercicio de la violencia) y post mortem(como los discursos que consideran a las víctimas como culpables de un comportamiento indeseable o inclusive criminal). Desde el feminismo los análisis sociales orientados a enten­der la marginación abyecta y sus consecuencias mortales tomaron forma de un entendimiento del feminicidio como una subalternidad extrema(Camacho en Fregoso y Bejara­no; Sagot, 2013). Aquí se ve la negación a la condición de ciudadano, lo que las vulnera mediante una cosificación se­gún la cual el cuerpo feminizado es utilizado como una commodity(Fregoso, 2006; Valencia, 2023) o como una extensión de la propiedad masculina(Segato, 2013). El fin del terror infligido al cuerpo es la desmoralización del ene­migo(Segato, 2013) sin que se perciba o demuestre el reco ­nocimiento del cuerpo feminizado como persona. Segato(2013) considera también que el feminicidio no pue ­de entenderse sin las desigualdades propiciadas por el neo­liberalismo. En efecto, en los análisis de la violencia extre­ma, los enfoques en la espectacularización de la violencia además de buscar entender por qué se utilizan violencias exterminadoras, ven en el sistema neoliberal un ámbito fértil para el derramamiento de sangre explícito(Valencia, 2010; Berlanga Gayón, 2015). Melissa Wright(2011) propor ­ciona un ejemplo de la despersonalización y criminaliza­ción de mujeres en Ciudad Júarez. Su estudio concluye que los feminicidios adquieren un discurso socialmente acepta­do donde se supone que las mujeres asesinadas eran tra­bajadoras sexuales y por lo tanto merecedoras de muerte (Wright, 2011). Convencionalmente el tema de seguridad en la región se enfoca en temas como el crimen organizado y los grupos armados. En consecuencia, se banaliza la violencia de gé­nero dentro de unorden de cosas, por un lado, y se priori­zan las operaciones, políticas y discursos que encuentran directamente compatibles con el combate a lasamenazas de estado por el otro. Así, la perspectiva de las teóricas mencionadas nos destaca cómo en los contextos latinoa­mericanos los cuerpos masacrados son politizados(o ins­trumentalizados) para reforzar la noción de urgencia bajo una lógica patriarcal. Tener al feminicidio como marco de análisis explica por qué se normaliza la muerte de cuerpos feminizados. Su concep­1 Término acuñado por Achille Mbembe(2018) para señalar el poder social y político para dictar qué personas deben ser protegidas y cuáles pueden ser matadas. 60 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.