mación y evaluación inmediata ante situaciones de riesgo para la paz en la región, en conformidad con el Tratado de Unasur; planificar un ejercicio combinado de asistencia en caso de catástrofe o desastres naturales; organizar una conferencia sobre lecciones aprendidas en operaciones de paz; elaborar un inventario de las capacidades de defensa que los países ofrecen para apoyar las acciones humanitarias; e intercambiar experiencias en el campo de las acciones humanitarias. La lista se completó con la elaboración de un diagnóstico de la industria de defensa de los países miembros identificando capacidades y áreas de asociación estratégica, para promover la complementariedad, la investigación y la transferencia tecnológica; elaborar un registro de las academias y centros de estudio en defensa y sus programas y crear una red suramericana de capacitación y formación en defensa; y proponer programas de intercambio docente y estudiantil, homologación, evaluación y acreditación de estudios, reconocimiento de títulos y becas entre las instituciones existentes, en materias de defensa. La disolución – en la práctica– de la Unasur entre 2018-2019 suspendió el desarrollo de estas iniciativas. Una expresión de esta nueva visión de las relaciones militares regionales fue la creación en 2005-2011, entre Argenti na y Chile, de la Fuerza de Paz Binacional Cruz del Sur para operaciones de paz En el caso de Chile, la Zona de Paz fue tardíamente incorporada en la política de defensa del país. En el Libro de la defensa, 2010, y a partir de la identificación de objetivos del Consejo de Defensa de la Unasur, se mencionó como una de sus primeras prioridades el“Consolidar Suramérica como una zona de paz, base para la estabilidad democrática y el desarrollo integral de nuestros pueblos, y como contribución a la paz mundial”( Libro de la defensa, 2010: 164). La versión 2017 del Libro vinculó directamente la política defensa nacional con la Zona de Paz como proyecto en construcción:“Chile ha orientado la actividad internacional de su Política de Defensa a trabajar en los sistemas de cooperación con el propósito de contribuir a la paz y seguridad global. Asimismo, se ha enfocado a fortalecer las instituciones de cooperación a nivel subregional, regional e interamericano para consolidar a América Latina como una zona de paz”( Libro de la defensa, 2017: 72). La realidad Una serie de acontecimientos han vuelto a poner la desnuclearización y el involucramiento regional en tensiones extrarregionales en primera línea, renovando la necesidad de reponer y actualizar el proyecto de Zona de Paz sudamericano. Entre ellos se encuentran, la presencia militar y/o provisión de armamento de Rusia, Irán, Turquía y China; la instalación de la base satelital china en Neuquén; la construcción del submarino nuclear en Brasil; la aprobación por el pleno del Congreso del Perú del acceso de militares estadounidenses en su territorio; y la intención del presidente Daniel Noboa del Ecuador –después de una década y media del retiro de la base de los Estados Unidos en Manta– de permitir instalaciones militares internacionales para combatir la creciente influencia de grupos criminales en la región. En materia nuclear, si bien el Tratado de Tlatelolco permite ensayos nucleares“por mandato de terceros”, las declaraciones de Argentina y Brasil interpretando esta norma como autorización a la“asociación con terceros”, debería ser objeto de análisis considerando la actual presencia de potencias nucleares en la región. Es necesaria materializar la voluntad largamente declarada y nunca realizada de constituir a América del Sur como Zona de Paz. Para ello hay que tener en consideración los desarrollos políticos-estratégicos mundiales y regionales, la reconfiguración geopolítica internacional y la situación política, económica y social de la región. Igualmente, la existencia de una sustantiva acumulación de mecanismos y acuerdos regionales de paz, el conjunto de propuestas de paz existentes al más alto nivel político, y las experiencias y metodologías apropiadas para el desarrollo de medidas de confianza mutua le dan viabilidad a esta iniciativa. El Informe del secretario general de las Naciones Unidas, “Nuestra agenda común”(2021) propone doce medidas para la paz global, las que deben ser igualmente consideradas. Hoy más que nunca es necesario distinguir con claridad las intenciones de la realidad, dado que declarar a América Latina como zona de paz –ya que no han estallado conflictos interestatales en tres décadas– es solamente un objetivo estratégico. Falta, en cambio, priorizar las propuestas existentes, incluirlas en una formulación actualizada y poner en práctica, más allá de la retórica, los mecanismos multilaterales regionales que lo permitan efectivamente. Acerca del autor Augusto Varas . Doctor en Sociología por la Washington University(St. Louis). Co vicepresidente del Advisory Council del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson In ternational Center for Scholars, asesor del Norwegian Pea cebuilding Resource Centre( NOREF ) y presidente del Directorio de la Fundación Equitas(Chile). Fuente Publicado en diciembre de 2024 en el Newsletter 19 de la Red Latinoamericana de Seguridad Incluyente y Sostenible. Disponible en: https://colombia.fes.de/detail/zona-de-pazen-america-del-sur.html 74 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.
Buch
Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten