Aporte científico–tecnológico La infraestructura científica y tecnológica de la región es crucial para incorporar las innovaciones que son base de la competitividad, en particular, aquéllas contenidas en los nuevos paradigmas bioinformáticos. Brasil y Argentina, y en menor medida Uruguay, tienen una significativa infraestructura de investigación y desarrollo tecnológico en el sector público o público no estatal. Los países del MERCOSUR han desarrollado, asimismo, un sector competitivo de producción de semillas, de genética animal y de producción y distribución de insumos tecnológicos relativamente sofisticados. Debe tenerse en cuenta, por otra parte que la estructura agraria de nuestros países incluye productores altamente tecnificados y con una adecuada escala de producción. Estas condiciones son las que le han dado a la agricultura del MERCOSUR capacidades competitivas muy evidentes. La integración de los esfuerzos tecnológicos, de forma tal de compartir los escasos recursos disponibles para investigación, permitiría complementar capacidades y compartir costos y resultados. La participación en la revolución bioinformática en curso exige de inversiones muy importantes y las soluciones cooperativas pueden llegar a ser el factor de éxito de la estrategia. En materia de aplicación de la biotecnología agrícola con uso de material transgénico, las diferencias a nivel de la región son importantes, fundamentalmente entre Brasil y Argentina. Argentina ha adoptado rápidamente semillas transgénicas en maíz, soja y algodón, constituyéndose en el segundo productor de soja transgénica del mundo. Brasil, en cambio, ha restringido el uso de variedades transgénicas, aunque la reciente decisión de ese país de autorizar el uso de variedades transgénicas remueve un obstáculo que hacía difícil acordar una estrategia común con relación a la producción y comercialización de estos productos. Resuelta esta diferencia, es necesario ahora profundizar en los acuerdos de colaboración y complementación entre universidades e institutos de investigación así como homogeneizar la normativa que regula la propiedad intelectual la bioseguridad. Esto último contribuirá a facilitar la complementación del sector privado. En Argentina la introducción de estos cultivos disminuyó significativamente los costos de producción y serán, en el futuro, una fuente de productos especializados con características particulares de calidad. Sin embargo, la comercialización de variedades transgénicas ha encontrado particulares resistencia por parte de los consumidores de los países desarrollados, especialmente de Japón y Europa. Esta resistencia, sumada la creciente aceptación del derecho del consumidor a estar informado sobre las características de los productos que consume, está llevando a la adopción de normativas que establecen y regulan la obligatoriedad del etiquetado. Esto ha generado una diferencia de criterio entre Argentina y Brasil. En este contexto acordar una política común entre los cuatro países del MERCOSUR tendría un valor estratégico de gran trascendencia. Dicha política debería incluir: a) programas de colaboración tecnológica, incluyendo las aplicaciones de la biotecnología; b) acuerdos en cuanto a los procedimientos de liberación de cultivos transgénicos y sobre las normas de bioseguridad y c) acuerdos sobre las normas que regulan el etiquetado. Negociaciones comerciales internacionales La producción agropecuaria del MERCOSUR tiene una importante significación mundial. Si bien los cuatro países son miembros del Grupo Cairns, que representan los intereses de los países exportadores sin subsidios, y las posiciones del MERCOSUR en los foros internacionales son en general acordados, el grupo regional no ha utilizado plenamente su capacidad de negociación en foros internacionales. Para ello es necesario desarrollar una fuerte capacidad técnica que sustente el esfuerzo negociador conjunto y un esfuerzo institucional 31
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Uruguay en la región y en el mundo : conceptos, estrategias y desafıós
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