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Los retos de una nueva institucionalidad para el MERCOSUR
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como imposibles de profundizarse y proyec­tarse si no es en un marco regional. Impulsar esa operación analítica implica enfrentar pro­blemas no menores: la disociación frecuente entre las ciencias sociales y las prácticas polí­ticas, el vínculo complejo y cambiante entre políticas culturales e industrias culturales, la consideración de la dimensión dinámica del mercado en el plano del flujo de los productos culturales, la persistencia de enfoques mera­mente comerciales y economicistas en el relacionamiento internacional, la persistencias de enfoques soberanistas arcaicos, etcétera. Es evidente que ya no bastan los estudios restringidamente nacionales para dar debida cuenta de estos problemas. Incertidumbres en el M ERCOSUR e interrogaciones sobre una ciudadanía mercosureña Como es sabido, estos últimos años incluye­ron una marcada incertidumbre sobre la evo­lución política en los países de la región(crisis severísima y no resuelta en la Argentina, crisis persistente en Paraguay, cambios de gobier­no en los cuatro países socios plenos del M ERCOSUR , con cambios muy relevantes en la orientación ideológica de por lo menos en tres de ellos) y también sobre la suerte del propio proceso de integración(incumplimiento de acuerdos, iniciativas autónomas de algunos países miembro hacia países extra–bloque, realineamientos internos). Sin embargo, tam­bién es cierto que el proceso mercosureño nunca tuvo una agenda externa más atractiva y que los nuevos contextos internacionales parecen afirmar la consolidación de una etapa postliberal en los paradigmas tecno–económi­cos más al uso, lo que entre otras cosas con­solida iniciativas integracionistas con agendas más amplias e integrales. No resulta para nada casual que en esa ampliación de agenda en los procesos de integración, el tema de la nue­va institucionalidad adquiera una relevancia particular: como veremos más adelante, de­batir sobre instituciones en un proceso de in­tegración se asocia directamente con el deba­te de agendas y modelos alternativos. No obstante, una reflexión sustancial sobre los nuevos marcos políticos e institucionales de la integración regional no puede omitir el señalamiento de la reacción antipolítica y la demanda de reformas políticas en la región y el continente. Mientras crece la marea de la antipolítica, las instituciones públicas dan vi­sibles señales de debilitamiento, los partidos se muestran a menudo inoperantes para ca­nalizar las demandas ciudadanas y la crisis económica y social proyecta escenarios muy graves e inciertos. Todo ello afecta también la salud del proceso integrador y requiere res­puestas políticas consistentes, que lleguen en forma directa y sensible al terreno de la ciu­dadanía. ¿Pero resulta, en rigor, legítimo hablar de ciu­dadanía en relación con un proceso sociopolítico de integración que hasta ahora ha privilegiado la dimensión económico–comer­cial y que ha atravesado –y aun atraviesa en ocasiones– contenciosos problemáticos? ¿Ha­cerlo así no implica desvirtuar un vocablo so­lemne para describir la pertenencia individual y grupal a una asociación delimitada, ceñida a ciertos intereses trascendentes pero en con­junto situados muy por debajo de las Constitu­ciones nacionales propiamente dichas, con su carga de valores y principios, precisamente reforzados en momentos de crisis? ¿Proyec­tar estas dimensiones de« otro» M ERCOSUR bien distinto por cierto del« realmente existente», no es pecar de utopía o voluntarismo en las actuales circunstancias? Ante estos y otros interrogantes similares que podrían hacerse, hoy más que nunca resulta legítimo –a nuestro juicio– ese modo de conce­bir a los agentes incluidos en proyectos de inte­gración como el M ERCOSUR . Pensamos, más específicamente, que las integraciones repre­sentan siempre construcciones(parciales o in­completas, de conformación gradual, si se quie­re) de naturaleza similar a la de los Estados nacionales, y que no admiten ser emprendidas sino mediante compromisos valóricos análogos a los de éstos, como lo prueba la historia de todas las integraciones exitosas, desde la ac­tual Unión Europea hasta el propio M ERCOSUR 7