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Los retos de una nueva institucionalidad para el MERCOSUR
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en sus mejores versiones y momentos. Se di­ría que no cabe unificar deliberadamente los mercados de producción y consumo, de tra­bajo y servicios, de ahorro e inversión, de ex­portación e importación(en términos de una política común de comercio exterior), de mo­neda y crédito, etcétera, sin un pacto político mínimo, sin un perfil de participación, sin ga­rantías, sin ciudadanía. La nueva ciudadanía requiere, en efecto, con­tenidos tan relacionales como los símbolos (por ejemplo, el pasaporte único o con carac­terísticas comunes a los demás de la región en proceso de unificación), las memorias so­ciales(por ejemplo, la del acuerdo de funda­ción de la asociación integradora o la de la superación de ciertas crisis graves), las efe­mérides(es decir, un«calendario» consagra­do, un conjunto de conmemoraciones), los lugares de solidaridad emocional(por ejem­plo, el territorio del área de integración o al­gunas afinidades culturales que, no obstante las infinitas rivalidades que cualquier esque­ma político gestiona, sustentan en otras lati­tudes la adhesión a«Europa» o a«el Sur»). Ninguno de estos contenidos se afirma fuera de las transferencias múltiples entre Estados y sociedades civiles, entre individuos y co­rrientes de opinión, entre intelectuales y por­tadores de cultura popular. También parece necesario dotar a la partici­pación de la sociedad civil de« más M ERCO ­SUR », es decir, propiciar foros y otros espacios de interrelación que involucren a los más di­versos sectores y actores sociales de los paí­ses del bloque, ampliando los niveles de infor­mación y participación en los distintos temas (políticos, económicos, sociales, culturales) que atañen al proceso de integración en sus nú­cleos más sensibles. Para ello se debería for­talecer el vínculo de los distintos actores de la sociedad civil entre a los efectos de desa­rrollar iniciativas conjuntas, que no solamente aumenten la capacidad de participación social en la marcha del proceso, sino que también contribuyan a fortalecer la legitimidad social y política de la integración regional en su con­junto. 8 La agenda social del proceso Finalmente, debe reconocerse que la inexis­tencia de una« agenda social» constituye una de las grandes carencias del M ERCOSUR hasta el presente. Las omisiones flagrantes en la aplicación de la Carta Socio–Laboral acorda­da en el seno del bloque o el predominio poco menos que absoluto de los aspectos comer­ciales sobre otros instrumentos de integración han relegado un vasto conjunto de necesida­des y aspiraciones de las sociedades de la re­gión y ha culminado por echar dudas y falta de confianza en nuestras poblaciones respecto a lo que puede esperarse del M ERCOSUR , preci­samente en momentos en que la gravísima crisis social no deja demasiados márgenes para la espera. La necesidad de avanzar en su formulación y tratamiento puede bien cons­tituirse entonces en un elemento articulador de los esfuerzos de la sociedad civil, tanto de cara a la profundización de la integración como en relación a un protagonismo social ampliado. En suma, como han destacado en forma reite­rada las organizaciones como el Foro Consul­tivo Económico y Social(FCES) o la Coordina­dora de las Centrales Sindicales del M ERCOSUR (CCSCS) –creada en 1986, un lustro antes del Tratado de Asunción–, el debate actual acerca de la reversibilidad o no del M ERCOSUR como proyecto histórico debe dar paso a una discu­sión mucho más abierta y profunda sobre cuá­les son los mejores modelos y filosofías integracionistas ante los grandes desafíos de la hora. A más de trece años de su fundación, el M ERCOSUR vive de manera radical una si­tuación muy paradójica: nunca se encontró en una posición más crítica a nivel intrabloque(in­cumplimiento sistemático de los acuerdos, con­tenciosos permanentes, declaraciones agresi­vas entre los socios, incapacidad de lograr posturas comunes, grandes anuncios con po­cas concreciones, grandes agendas con po­cos focos de atención); al mismo tiempo, nun­ca tuvo frente a una agenda externa más relevante y con mayores oportunidades y de­safíos(negociaciones del bloque con los Esta­dos Unidos, con el NAFTA, por la propuesta del ALCA, con la Unión Europea, en el seno de