funciones(poderes). Se busca así evitar la noción sobre la inevitabilidad(o la conveniencia, de acuerdo a algunas opiniones) de la concentración casi absoluta del poder en una de las ramas de gobierno, por lo general, la ejecutiva. El funcionamiento apropiado de un esquema más equilibrado y balanceado requiere además que la rama legislativa cumpla a cabalidad sus tres funciones esenciales. Esto es: representar idónea y genuinamente a la ciudadanía que lo elige o a la que representa; legislar con rigurosidad para asegurar la calidad de la legislación(normas); fiscalizar adecuada y efectivamente las actividades del Poder Ejecutivo, en particular en relación a los Ejecutivos y a las tecnoburocracias que a menudo son quienes conducen en forma cotidiana el gobierno y la toma de decisiones, tanto a nivel nacional como regional. En lo que hace a la debilidad de la dimensión parlamentaria del bloque MERCOSUR, esta se ha puesto de manifiesto en varios aspectos: la lenta y asimétrica internalización de normas, responsabilidad que no sólo corresponde a los Congresos o a la CPC sino que también interpela a menudo la operativa de las cancillerías de la región; la ausencia de una capacidad renovada de accountability integracionista, emergente como corolario lógico y deseable del avance del proceso, sobre la calidad de las acciones y productos emanados de los gobiernos socios plenos y de lo resuelto por los organismos con carácter decisorio de manera más cotidiana(en un funcionamiento de bloque en el que la transparencia de información no ha sido a menudo la pauta predominante); la falta de un foro político de relevancia para amplificar y dar dimensión efectivamente regional a la discusión necesariamente pública de aspectos centrales del proceso integracionista. Por otro lado, estudios recientes sobre la temática en América Latina, así como los aquí presentados indican que los Congresos nacionales de los Estados Partes no están cumpliendo de manera consistente, aunque con variaciones, las funciones mencionadas y requieren por lo tanto un esfuerzo de modernización y fortalecimiento. Esta debilidad de los poderes legislativos, que en efecto forma parte de un déficit democrático, se refleja aun más todavía a nivel de los balances de las actividades de los parlamentos regionales y subregionales. En suma, desde la ejemplificación derivada de la consideración del tema parlamentario regional y nacional, surge la evidencia acerca de que el reclamo actual por una rediscusión a fondo de la institucionalidad del M ERCOSUR posee múltiples implicaciones de diversa índole: las novedades y propuestas en esta perspectiva se vinculan de modo directo con la renovación de modelos, de agendas y aun de ritmos y profundidades en el proyecto integracionista. Por ello es que no puede sorprender que las cuestiones institucionales provoquen confrontaciones duras y simplificaciones descalificadoras. Repitámoslo una vez más: tras el debate sobre la institucionalidad de un proceso de integración, los actores perfilan sus divergencias más de fondo, de carácter estratégico y estructural. El«déficit democrático» de los procesos de integración La institucionalización de las integraciones parece tender a experimentar grandes dificultades para reproducir la tripartición de Poderes en que ha cuajado en el plano de los Estados–Naciones la búsqueda de la convivencia democrática y del gobierno representativo. Pese a los condicionamientos ineludibles que asignan carácter parlamentario a la gestión de las integraciones, como hemos procurado especificar, aquellas dificultades parecen resultar particularmente graves en relación a los órganos parlamentarios de los procesos unificadores. Las instituciones de éstos se deforman, si las comparamos con el esquema estatal consagrado, en aparente beneficio de los órganos ejecutivos y de las funciones gubernamentales(en sentido estricto, por oposición a las parlamentarias). Inclusive la experiencia europea insinúa que antes se implantan, en el 17
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