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Los retos de una nueva institucionalidad para el MERCOSUR
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«Consenso de Buenos Aires» de octubre de 2003(en el que se ratifica la voluntad de in­tensificar la cooperación bilateral y regional, se apuesta a la coordinación de políticas en los campos social, científico tecnológico, pro­moción ambiental, etc., se consolida una pos­tura única en materia de política internacional ante la grave situación mundial). Temas para una nueva agenda Es en ese contexto que comienza a discutirse en serio una nueva institucionalidad, como so­porte de una nueva agenda y de un nuevo modelo de integración regional. ¿Cuál es la nueva agenda, ya esbozada por los críticos del M ERCOSUR anterior? ¿Cuál era esa nueva agenda que se consolida a través de múltiples documentos, y en particular en la cumbre de Asunción de mediados del 2003? Vale la pena detenerse un instante en lo acontecido en esta Cumbre y sobre todo en los tres documentos allí presentados: la propuesta de Brasil«Ob­jetivo 2006»(con su«Programa político, eco­nómico, social y cultural», su«Programa de Unión Aduanera», su«Programa Base de Mer­cado Común» y su«Programa de la Nueva In­tegración»), la propuesta argentina sobre«El Instituto Monetario del M ERCOSUR »(con una propuesta gradualista que a través de la crea­ción de un Instituto Monetario del M ERCOSUR postularía los pasos para la concreción de una moneda común dentro de plazos viables y ne­gociados) y la propuesta de Paraguay sobre «Tratamiento de Asimetrías»(en el que se plantea la necesidad del reconocimiento de las asimetrías económicas y sociales, con un con­siguiente trato diferencial para los países más pequeños del bloque). En esos tres documen­tos se perfila una nueva agenda que nos ha­bla de un M ERCOSUR integral, no solamente comercial, y que incorpora en serio el tema de la nueva institucionalidad. ¿Cuál podría ser el listado sucinto de los titu­lares de esta nueva agenda? Hagamos una pequeña reseña: coordinación macroeconó­mica, en particular, de las políticas cambia­rias; complementación productiva, a través de los Foros de Competitividad y del surgi­miento de«cadenas productivas» merco­sureñas; complementación de políticas (energéticas, educativas, culturales, de de­rechos humanos, etc); complementación de infraestructuras; consolidación y aplicación efectiva de la Carta Socio Laboral; tratamien­to serio de la propuesta ya acordada de li­bre circulación de personas; reconocimien­to de asimetrías y flexibilidades, en espe­cial en relación a Paraguay y Uruguay; nego­ciación internacional como bloque ante ter­ceros y en foros internacionales; estrategia comercial conjunta; estrategias de financia­miento intrazona; incorporación de nuevos socios; nueva institucionalidad. Ninguno de los temas de esta nueva agenda está desprovisto de problemas y de contradic­ciones, todos ellos exigen mucha negociación política y no es augurable un proceso de cam­bio sin conflictos y vertiginoso. Los obstáculos en esta dirección no resultan menores: el im­perativo de las exigencias acrecentadas de sociedades nacionales profundamente heridas por la crisis; la tentación siempre presente de acuerdos bilaterales por parte de un país so­cio con resultados coyunturales(la última ad­ministración uruguaya lo intentó todo el tiem­po en relación a los EEUU con resultados muy menguados); las diferencias de patrones de comercialización entre las economías de los países socios; el esbozado debilitamiento de los gobiernos nacionales; los escasos avan­ces obtenidos en los ámbitos de la negocia­ción internacional del comercio; la heteroge­neidad de economías y sociedades; etc. Sin embargo, sin voluntarismo ni visiones ingenuas, la actual coyuntura parece perfilarse como una oportunidad a no desperdiciar. ¿Cuál puede ser el rumbo entonces? ¿De qué M ERCOSUR comienza a hablarse? Es el M ERCOSUR de la complementación productiva, de los foros de complementación productiva. Es el M ERCOSUR que necesita, desde una asun­ción plena de su condición de proyecto políti­co, articular políticas activas y sectoriales, por ejemplo, en el campo de las políticas energéti­cas, fitosanitarias, en materia agrícola y pe­29