la actuación del G20 plus en la Conferencia de Cancún de la OMC, la confirmación del abandono de la región por parte de los EEUU, la presencia creciente de políticas que cada vez sólo podrán realizarse desde coordinaciones regionales. Finalmente, Amadeo llamaba la atención sobre otras exigencias no sencillas que demandaba un cambio institucional de envergadura: la necesidad correspondiente de cambios institucionales a nivel de los países socios y el tema del financiamiento de las nuevas estructuras a crearse en momentos de debilidad y austeridad económica de los Estados Partes. Estas y otras problemáticas para encarar un proceso de reforma institucional(la demostrada escasa capacidad de los gobiernos en cumplir sus compromisos, las complejidades del procedimiento de las negociaciones, el«miedo arraigado» en las cancillerías y en los círculos diplomáticos a la mera palabra «supranacionalidad») no han podido debilitar sin embargo la fuerza de un consenso mayoritario sobre la clara insuficiencia de la situación actual, aun pese a los avances de los últimos años. De modo especial tiende a confirmarse la convicción sobre su inadecuación de cara a los desafíos de los contextos más actuales. De todos modos, el optimismo y las muestras de voluntad política expresadas durante el 2003 y el primer semestre del 2004 parecen haberse debilitado. Como vimos, en particular Brasil, que fue la locomotora inicial de este nuevo momento del M ERCOSUR , al acercarse las etapas decisorias de la Cumbre de diciembre parece haber aumentado sus vacilaciones en algunos aspectos, fruto tal vez –como hemos conjeturado– del surgimiento de diferencias en el seno de Itamaraty y aun dentro del gobierno. ¿Cabría entonces preguntarse por qué se ha complicado el debate sobre una nueva institucionalidad del M ERCOSUR ? Avancemos algunas hipótesis, algunas ya esbozadas: i. como ha señalado con mucho acierto Deisy Ventura, persisten con fuerza algunos mitos que ha sido muy difícil desmontar(la idea de que la sociedad civil no apoya este 44 proceso, que la supranacionalidad aun incipiente es cara e ineficaz, etc.); ii. el reconocimiento generalizado de que un cambio de formato institucional impone modelos o por lo menos posibilidad de agendas diferentes, sobre las que no existe consenso y desde algunas tiendas despierta rechazo; iii. la dicotomía facilista de confrontar un enfoque económico–comercial más realista y prioritario ante una perspectiva político– institucional más voluntarista y btal vez más vistosa, pero de escasos réditos en el corto y mediano plazo; iv. la recurrencia a la advertencia sobre que la diferencia de patrones de comercialización entre los países socios vuelve muy difícil la conciliación entre los intereses comerciales nacionales y regionales; entre otros factores. Por cierto que todos y cada uno de estos problemas o cuestionamientos podría recibir contestaciones contundentes, muchas de las cuales ya han sido referidas en nuestro propio texto. Lo que queremos destacar es que pese a la endeblez argumentativa de algunas objeciones, su persistencia ha terminado por empantanar en buena medida la discusión y echar de los escépticos en torno a la pertinencia de un avance de reforma institucional consistente en estas circunstancias. Opciones y escenarios previsibles para diciembre En el excelente«Primer Informe Semestral de la Secretaría del M ERCOSUR » titulado«Un foco para el proceso de integración regional» y fechado en julio del 2004, los consultores técnicos autores del texto arriesgaban cinco escenarios sumamente sugerentes y expresivos para un reconocimiento cabal de la coyuntura actual. Los cinco escenarios que ellos registraban como posibles resultados de la próxima Cumbre de diciembre en Ouro Preto resultaban los siguientes: i. ausencia de reforma institucional; ii. sistematización de las reformas ya realizadas por decisiones del Consejo;
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten