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100 días de Biden : la esperanza de cambio: Guatemala en la era Biden
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FES BRIEFING 100 DÍAS DE BIDEN La esperanza de cambio: Guatemala en la era Biden Abril 2021 Los desafíos que nos aguardan son enormes. Pero si existe la voluntad política, no hay razón para que Centroamérica no pueda convertirse en la próxima gran historia de éxito del hemisferio occidental.(Biden, 2021) Los vientos de cambio empezaron de forma lenta, pero soste­nida, en el segundo mandato del presidente Barack Obama: en una declaración sorprendente, el entonces consejero del departamento de Estado, Thomas Shannon, declaró a finales del 2014 queCentroamérica era una de las cinco prioridades de la política exterior de Estados Unidos, junto a Irán, Rusia (Cortez, 2016, pág. 135). Las razones de dicha priorización se podían rastrear de forma directa en varios problemas que la migración estaba representando para la administración Oba­ma, en especial, lo referido a la crisis que habían provocado el flujo de niños migrantes centroamericanos que, solos o acom­pañados, empezaron lentamente a llegar a las fronteras nor­teamericanas a partir del 2011 en adelante: ya en el año 2014, la situación ya empezaba a pintar de forma dramática, ya que se había producido un aumento del 77% de niños migrantes no acompañados(68,541 niños y niñas), y un aumento del 361% de familias, en comparación con el 2013. Las familias migrantes en 2014 ascendieron a 68,445, mientras que 68,541 niños y niñas llegaron a la frontera sin acompañamien­to, según un informe de la Comisión Interamericana de Dere­chos Humanos(CIDH, 2015). La declaración de Shannon fue seguida de una visita del ahora presidente, Joe Biden, a Guatemala, en marzo del 2015, en la que el presidente norteamericano se declaró públicamente co­mo un ferviente defensor de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala(CICIG), de manera que ya desde entonces, era la figura más relevante del apoyo norteamerica­no a la lucha contra la corrupción(Bermúdez, 2015). Justo esos fueron los años dorados de los procesos de cambio en Guate­mala: en el 2015, se produjo un escalamiento espectacular de los procesos dirigidos a altos funcionarios públicos, militares de alto rango, dirigentes de partidos políticos, empresarios y dueños de medios de comunicación en un frenesí investigador contra actores política y económicamente poderosos que nun­ca se había visto en Guatemala. La sensación de que Guate­mala estaba cambiando era una sensación que se palpaba en los actores civiles guatemaltecos, lo que alentó todo una mo­vilización ciudadana memorable que acaparó la atención del mundo entero. La fiebrereformadora, sin embargo, empezó lentamente a tro­pezar primero, con la llegada del nuevo gobierno electo en el 2015: Jimmy Morales, el actor y comediante que había llegado prometiendo un combate frontal contra la corrupción, termi­ finalmente siendo un férreo defensor del sistema. Pero el tiro de gracia a la posibilidad de cambio provino de otro pro­ceso electoral: el cambio de mando en Estados Unidos propi­ció una reconciliación de los actores conservadores guatemal­tecos con el entonces presidente Donald Trump, con lo cual el apoyo a la CICIG empezó a socavarse, lo cual representó todo un proceso de paulatino freno a los impulsos de cambio. De esa cuenta, los años 2017 al 2020, se empezó a consolidar una sombra regresiva cada vez más fuerte y visible, al punto que el año 2019 finalmente se cerraron las operaciones de la CICIG en Guatemala. Los defensores del sistema podían dormir tran­quilos, ya que las prioridades del gobierno norteamericano habían cambiado. La ofensiva conservadora, ahora fortalecida, se dedicó a partir del 2019 a reconquistar los espacios institucionales que había perdido: primero, se produjo el cambio de mando en el Minis­terio Público en mayo del 2018; luego, fue electo el presidente Alejandro Giammattei, un personaje que ha demostrado estar aliado a los actores conservadores que se oponen al cambio en Guatemala. Posteriormente, se ha producido la cooptación del Tribunal Supremo Electoral, de Contraloría General de Cuentas y de la Corte de Constitucionalidad en marzo del 2021, con lo cual, se han anulado prácticamente las instituciones más im­portantes encargadas de la rendición de cuentas horizontal. Ahora, con el panorama despejado, pueden lanzarse a concluir la captura institucional mediante la cooptación de la Procura­duría de Derechos Humanos, así como de la Corte Suprema de Justicia y de las Cortes de Apelaciones. El panorama institucio­nal en el 2021, por lo tanto, es sombrío y amenazante: la som­bra de la regresión autoritaria es fuerte y sentida. Pese a las malas noticias, en medio de esa ofensiva conserva­dora se empezó a vislumbrar algunas señales de esperanza: