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Militares y gobernabilidad : ¿Cómo están cambiando las relaciones cívico-militares en América Latina?
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l 112 Relaciones cívico-militares en Colombia: ¿un paso adelante y dos atrás? En toda democracia, es algo compartido de forma amplia, la Fuerza Públi­ca debe estar subordinada formal y realmente a las autoridades civiles electas en democracia, las cuales tienen la responsabilidad de formular y conducir políticamente las políticas de seguridad y defensa. En un régimen presiden­cialista esta subordinación se da en cabeza del presidente de la República, quien la delega en su ministro(a) de la Defensa. Pero esto supone una respon­sabilidad de parte de los gobernantes civiles: tener la capacidad y el tacto para orientar políticamente a las Fuerzas Armadas, es decir, contribuir a diseñar e implementar la estrategia general como parte de las políticas públicas del Estado. La conducción operativa de las Fuerzas Armadas debe ser respon­sabilidad de los comandantes de fuerza y de la estructura de mando de las mismas. A lgunos elementos históricos Para comprender adecuadamente el control civil de la Fuerza Pública en el caso colombiano, debemos tener en consideración por lo menos los siguien­tes elementos: 1. Históricamente, en Colombia ha habido un abandono, una despreo­cupación de los civiles, comenzando por las élites políticas, pero en general de toda la sociedad, en relación con la seguridad y la defensa, asimiladas tradicionalmente a la expresiónorden público, dejándo­las en manos exclusivas de las Fuerzas Militares. Se trata, sin duda, de una renuncia del poder civil y de la sociedad colombiana en su conjunto a ocuparse de un problema muy importante y que tiene cada vez mayor centralidad en las sociedades contemporáneas. Los temas de seguridad y defensa deben estudiarse y conocerse a profun­didad, para que cada vez existan más civiles con conocimiento para ayudar a conducir políticamente las Fuerzas Armadas, cuando sean funcionarios de un gobierno democráticamente electo. 2. Un estrecho alineamiento a largo plazo de las élites colombianas con Estados Unidos –que se remonta a la primera mitad del siglo XX y explica por qué Colombia fue el único país de la región que participó