L a Democracia es la única forma abierta a toda la población y es el punto de partida de las sociedades democráticas; es la existencia de desacuerdos y parte de su tarea es generar acuerdos. Si bien no es perfecta, es el mejor sistema político que ha sabido implantar la humanidad para gobernar las sociedades, ya que implica la mayor participación posible de gente; la democracia constituye un medio para realizar las metas colectivas, ocuparse del bien común y no sustituir el interés general por los intereses partidarios o de grupo. Las mujeres siempre fueron marginadas de la vida política pues se les restringió el derecho a votar; se les prohibía elegir y ser elegidas; la ley establecía que solo los hombres mayores de edad y con propiedad podían votar y ser elegidos. Las mujeres históricamente han jugado un rol fundamental en las luchas sociales del país, protagonizando acciones heroicas en la defensa, recuperación y consolidación de la Democracia; sin embargo, su participación y movilización ha sido invisibilizada e ignorada por un sistema sumamente machista y patriarcal. Este escenario no fue una limitante para el avance de las mujeres en la búsqueda de alternativas, de elaborar propuestas colectivas y creativas para generar cambios importantes y trascendentales en el conjunto de la sociedad. En Bolivia, después de años de lucha y resistencia, reconocemos los grandes avances y conquistas que tenemos. La aprobación de muchas leyes a favor de las mujeres podría leerse como una institucionalidad fuerte a favor de generar condiciones de equidad. Sin embargo, tantas leyes no se han traducido en cambios significativos para las mujeres, no se refleja en su vida cotidiana ni en más y mejores oportunidades para ellas. Por su parte, el Estado no acaba de asumir su responsabilidad con este desafío al no asignar el presupuesto que la implementación de cada una de estas leyes requiere. En el ámbito sindical boliviano, es urgente que se apropien las ideas de la Democracia social y participativa, que tenga componentes de libertad, equidad, igualdad, solidaridad y justicia social. La incorporación de un grupo importante que siente y vive la exclusión, constituye un desafío para la consolidación de la Democracia Sindical; la participación sindical de las mujeres no es solo un argumento cuantitativo sino también de posibilidad de inyección de nuevas ideas, además del reconocimiento del derechos a participar en la toma de decisiones. Para ello, no es suficiente que la CPE y las normas vigentes en el país, estipulen la participación de las mujeres con igualdad de derechos y obligaciones; se requiere de la voluntad real de los y las sindicalistas y del movimiento sindical, expresada en políticas sindicales, para fomentar la participación de las compañeras trabajadoras en las estructuras de poder sindical. También parte de nosotras mismas salir de nuestra zona de confort y atrevernos a entrar en estos espacios asumiendo plena responsabilidad por nuestras decisiones y participando con un estilo e identidad propios. La Democracia en el hogar es una tarea de mujeres y hombres entendiendo que las relaciones de pareja, deben estar fundadas en el respeto y la igualdad. Ya no se trata de quién se atribuye el derecho a“mandar y dirigir”, sino de la inteligencia para la convivencia y la negociación de las diferencias; la antigua visión jerárquica que atribuía al varón un estatus dominante, está en crisis. Desde la RMTSB asumimos compromisos hacia la profundización de la democracia; por ello, nos proponemos promover la organización y participación real de las mujeres en las organizaciones sindicales; trabajar para armonizar los estatutos orgánicos y reglamentos sindicales a la constitución política del Estado; lograr que las mujeres asumamos el reto de estar a la cabeza de las organizaciones; identificar lideresas; capacitar y concientizar; motivar a más compañeras y difundir buenas prácticas democráticas.
Heft
Año IX, no. 19
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