En relación al trabajo no remunerado, puede observarse que la desigualdad de género fue la vía para que se naturalicen las labores domésticas como responsabilidad exclusiva de las mujeres. De generación en generación se fueron inculcando estas labores como una actividad exclusivamente femenina; a la par que se creaba una jerarquización por clase, género y lugar de procedencia. De esta manera se dictaminaba qué cosas podía y no podía hacer una persona de acuerdo a su género(Mora, 2020). En consecuencia, la suma de los factores previamente mencionados mostró que encontrar el equilibrio entre el trabajo y la familia se presenta como una labor muy complicada para cualquier mujer que trabaje. Esta situación se complicó mucho más con la crisis sanitaria del 2020. Entre otras palabras, ellas pasan aproximadamente ochenta horas a la semana realizando trabajos remunerados y no remunerados desde casa, más cuatro horas si alguien de la familia está enfermo y requiere cuidados especiales. Mientras que los hombres realizan labores solo por 57 horas. Entonces, seis de cada diez mujeres están viviendo sin tiempo, factor que solo afecta a tres de cada diez hombres(Lagos, 2020). El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo(PNUD) en un informe reciente anunció: “El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado ha aumentado como resultado de las consecuencias del brote de covid-19. Las mujeres y las niñas son las cuidadoras principales en el hogar y tienen mayores responsabilidades domésticas y de cuidado familiar. A nivel mundial, hacen dos veces y media más de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados que los hombres.(Mora, 2020) A pesar de la situación que vive cada mujer, es evidente considerar que ellas sienten una extensión más alta del trabajo. Al tener más carga horaria y cumplir con más roles que los hombres, considerando las horas de trabajo remuneradas y no remuneradas, y el tiempo dedicado a las necesidades de los hijos; las mujeres perciben una convivencia familiar más alta. Por el otro lado, debe considerarse que Bolivia, fuera de las normativas formales, es uno de los países que no avanzó a comparación a otros de la región en temas de igualdad de género. Esto se evidencia cuando se ve que siguen existiendo labores que se consideran exclusivas para mujeres o para hombres, ya sean profesiones o labores dentro del hogar. “El equilibrio no es una mejor gestión del tiempo, sino una mejor gestión de los límites. Equilibrio significa tomar decisiones y disfrutar esas decisiones”, sostiene Betsy Jacobson. Uno puede ver el equilibrio entre el trabajo y la vida como el enfoque para mantener el mismo número de horas entre el trabajo y el juego. ¡Pero no lo es! Un equilibrio mejor entre trabajo y vida personal, así como tener una buena salud física, ayuda a mantenerse enérgico y con una mente libre de estrés. Recomendación: Para una mejor calidad de vida laboral y familiar, y un avance en la igualdad entre hombres y mujeres que nos permita cumplir con la familia, deben considerarse los momentos de descanso. Las vacaciones no son un lujo, más bien son una necesidad. Por lo tanto, para nuestro país, es necesario elaborar una propuesta de Ley sobre Licencia Familiar y Médica que pueda otorgar a los empleados una semana de licencia no renumerada por año con protección laboral. Esta licencia permitiría disfrutar de un permiso para el cuidado de un familiar adulto o con un problema de salud grave, el cuidado de un hijo o hija con problemas de salud, o el cuidado de un familiar con alguna discapacidad, sin que el empleado pierda sus beneficios y pagos. 7
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(2024) Año XVI, no. 33
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