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El juego mundial por cuellos y puños : la finalización del acuerdo sobre los textiles y el verstido (ATV) agrava las divisiones sociales
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individuales del comercio internacional de las prendas de vestir, las empresas, los países y los trabajadores, puede, por lo tanto, dar ideas e indicaciones importantes, en es­pecial sobre qué tipo de perspectivas tiene la industria lo cual todavía es una pregunta sin respuesta. Es posible que los trabajadores –los verdaderos pro­ductores– no tengan una influencia sustancial en la for­ma de las estructuras de la producción y el comercio, pero, debido al trabajo intensivo que caracteriza a la in­dustria y a su relación de género, cumplen una función clave en el proceso de internacionalización. Sobre la in­terrogante de las perspectivas futuras de este sector, está en el centro de las consideraciones de esta publica­ción, ya que si no se presta suficiente atención a las consecuencias particulares para los trabajadores, no habrá desarrollo en la industria textil y del vestido que traiga consigo condiciones de trabajo digno. Los minoristas«livianos» La industria de los textiles y el vestido abarca toda la amplia gama de empresas, desde los pequeños produc­tores hasta las empresas transnacionales, desde los ta­lleres en pequeña escala(que trabajan en condiciones de gran explotación, también conocidos como sweatshops) hasta las cadenas de venta que actúan a escala mundial. Pero, sobre todo, la tendencia en la in­dustria textil es indudablemente hacia la producción con uso intensivo de capital, en que la importancia de las grandes compañías crece cada vez más. La industria de las prendas de vestir está aún más distribuida en todo el mundo y está tecnológicamente menos adelantada que la industria textil. Es que la industria del vestido es un «complejo de actividades de confección vinculadas» que ha experimentado escasos cambios tecnológicos entre fines del siglo XIX y fines del siglo XX. Por lo tanto, si bien en las últimas décadas el aumento de la competen­cia en la industria de los textiles ha provocado el desa­rrollo de tecnologías que ahorran mano de obra, en la industria de las prendas de vestir, donde el pespuntado y el cosido representan el 80% de los costos de mano de obra, ha contribuido a la reubicación de la industria en países con menores costos de producción. Esta reubicación ha tenido lugar en varias etapas: co­menzó en la década de 1950 desde Europa Occidental y los Estados Unidos a Japón, desde Japón en las déca­das de 1970 y 1980 hacia Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur, a fines de las décadas de 1980 y 1990 desde allí hacia China, el sudeste asiático y Sri Lanka, y paralela­mente a esto, durante la década de 1990, hacia México y el Caribe. Parecería ahora que de esas diversas etapas de reubicación surgiera un escenario de«regionalización de la globalización» con tres grandes centros regiona­les: los Estados Unidos más México y el Caribe, Japón más el este y sudeste asiático, Europa Occidental más Europa Oriental y el Norte de África. En ese escenario, las etapas de producción con mayor capacitación y tec­nología se encuentran en esos centros regionales, mien­tras que las etapas de producción no calificadas y con uso intensivo de mano de obra se han establecido en países con salarios bajos y cercanos a los mercados regionales 30 . Esta distribución de las distintas etapas de producción entre los países industrializados y en de­sarrollo es un factor clave de la continuada importancia del comercio y la industria del vestido en los países industrializados. Sencillamente, no es puramente una «industria del Tercer Mundo». Se trata más bien de que las empresas claves están ubicadas en los países industrializados. Sobre todo, los comerciantes minoristas desempeñan un papel importante y todavía creciente, con repercu­sión en la organización y la geografía mundial de las estructuras de producción: en esta cadena de produc­ción dirigida por los comerciantes de venta al público 31 , las principales empresas minoristas y de marca son las que marcan el ritmo en una red de producción descen­tralizada. Sin el«lastre» de sus propias fábricas de pro­ducción, como«comerciantes minoristaslivianos o empresas sin fábricas», las grandes casas y cadenas de venta al público concentran una gran cuota del poder de compra, lo que les da una influencia enorme en las fábricas de los textiles y el vestido, que se encuentran predominantemente en países del Sur: «Aún cuando la producción y el comercio de pren­das de vestir en algunos mercados puedan ser fragmentados, las transacciones internacionales de compra siguen estando muy concentradas». 32 Desde un principio, la internacionalización se ha lleva­do a cabo a través de cosas tales como las inversiones directas y/o a través de compañías que transfieren sus operaciones a sitios más baratos, pero principalmente a través de relaciones de abastecimiento. La concesión de subcontratos y licencias fue –y todavía sigue sien­do– el principal método utilizado, especialmente en los casos en que los centros de producción están lejos del mercado. Así, el 70% de las compañías de prendas de vestir alemanas, por ejemplo, ya participaban en la déca­da de 1970 en la producción en el exterior, el 45% a tra­vés de la subcontratación y otro 40% a través de inver­siones en socios locales, principalmente en Europa del Este y en países del Mediterráneo. 18