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Hacia la agenda XXI de la Ciudad de México : propuesta del Gobierno del Distrito Federal
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Paralelamente a la riqueza biológica del sur de la cuenca de México, existe también una gran riqueza cultural. En esta región conviven 18.8 millones de habitantes: grupos indígenas autóctonos, campesinos mestizos y pobladores netamente urbanos. Las áreas aledañas han sido el centro de desarrollo de diversas culturas desde la época prehispánica; por ende, los diversos modos de apropiación de los variados recursos naturales se han ido diversificando paulatinamente, hasta llegar a la actualidad, cuando se pretende reducir esta gran diversidad a sistemas dominados por especies de alto valor comercial, pero de poca durabilidad y rentabilidad en el largo plazo. Por último, es importante mencionar que es en la zona sur de la cuenca, donde se encuentra la mayor parte de las áreas naturales y rurales del DF, y que aún actualmente representan la mayor parte del territorio de la ciudad(59%). Esta zona, además de la riqueza biológica que contiene, es también donde habitan los descendientes de los pobladores originarios de la cuenca. Grupos étnicos con hábitos, costumbres y tradiciones que significan una gran riqueza y diversidad cultural. 1.3 Dimensión histórico social Esta cuenca endorreica de naturaleza lacustre, ha sufrido diversas modificaciones derivadas del poblamiento humano. En esta historia y en la modificación de las condiciones naturales, podemos identificar algunas etapas y momentos importantes. Durante el período prehispánico, particularmente durante el período de la dominación azteca –1325 a 1521–, las culturas asentadas en esta región desarrollaron complejos urbanos y sistemas productivos adaptados a las condiciones lacustres. El sistema productivo más destacado fue el de las chinampas, terrenos edificados con tierra, piedras y carrizos que se ubicaban en las márgenes de los lagos y ofrecían grandes ventajas en cuanto a productividad, adaptación al medio y uso eficiente de recursos. Esta cultura fue prácticamente colapsada al arribo de los conquistadores españoles quienes trajeron a América y a la cuenca de México en particular, un modelo de ciudad y de desarrollo urbano completamente extraño, ajeno y difícil de adaptar a las condiciones naturales locales. Desde entonces se ha luchado permanentemente contra las características propias de la cuenca, en particular para sacar el agua y evitar con ello los riegos de inundaciones, que hasta principios del siglo XX fueron muy frecuentes y representaron un grave riego para la población que en ella habitaba. A principios del siglo XX, la ciudad de México ocupaba poco más de 1,000 hectáreas(100 km 2 ) de superficie y albergaba a casi 140,000 habitantes. El tamaño de la ciudad se mantuvo relativamente estable, con ligero crecimiento durante las primeras décadas del siglo, marcadas por las luchas revolucionarias, postrevolucionarias y de consolidación del nuevo Estado y régimen político. Dada la centralidad política y económica del régimen porfirista, la Revolución Mexicana de 1910, influyó de manera especial en la capital del país. A partir de 1940 el modelo de desarrollo nacional impactó fuertemente a la ciudad. Aumentó de forma considerable el crecimiento de la actividad económica, se dio una explosión en el crecimiento de la población y la migración del campo a la ciudad, que derivaron en que para 1960, la ciudad hubiera alcanzado una superficie de casi 50,000 hectáreas y alrededor de 5.5 millones de habitantes. 12