una recomendación mala ni poco profunda.(...) Si aparecemos, como sectores de la sociedad civil, divididos en propuestas, va a ser mucho más difícil de influir...». 16 Debe reconocerse, asimismo, que la inexistencia de una auténtica« agenda social» constituye una de las grandes carencias del M ERCOSUR hasta el presente, más allá de los avances alcanzados en torno a la llamada Carta Socio Laboral. La preponderancia de los elementos comerciales en la concepción e implementación del proyecto de integración sobre otros tipos de instrumentos de integración, ha dejado de lado un vasto conjunto de necesidades y aspiraciones de las sociedades de la región. La necesidad de avanzar en su formulación y tratamiento puede bien constituirse entonces en un elemento articulador de los esfuerzos de los actores sociales de la región, tanto de cara a la profundización de la integración tanto de un protagonismo social ampliado. El órgano de representación de la sociedad civil en el M ERCOSUR y por ende, su ámbito institucional de participación por excelencia, es el Foro Consultivo Económico Social(FCES). Con su creación por el Protocolo de Ouro Preto de diciembre de 1994 se confirmaba la necesidad de«oficializar» la interacción entre las estructuras estatales y subregionales con los sectores económicos y sociales. En los hechos su instalación se vió demorada hasta fines de 1997 y la gran interrogante respecto del FCES hasta la fecha es la de en qué medida puede influir efectivamente en el proceso de integración. Tal como se lo define en el Protocolo, el Foro es un órgano representativo de los sectores económicos y sociales, y es el único de la estructura institucional del M ERCOSUR integrado exclusivamente con representantes del sector privado. Está integrado por igual número de miembros de cada Estado Parte y hasta hace poco tiempo, el mismo estaba compuesto exclusivamente por trabajadores y empresarios, aunque poco a poco se han ido incorporando otros sectores de la sociedad como los consumidores, cooperativistas, profesionales universitarios y ONGs(como en el caso de la sección uruguaya). En realidad fueron las organizaciones sindicales y las cámaras empresariales de los cuatro países quienes tomaron la iniciativa de constituir el Foro a partir de lo dispuesto por el Protocolo de Ouro Preto. Así comenzaron por formar«Secciones nacionales» del órgano, cada una con su propia conformación, no necesariamente igual a las otras. Definieron que cada Sección nacional designaría nueve representantes al Plenario del Foro, el que, de tal forma, suma un total de 36 miembros. En cada representación nacional se respeta el principio de paridad numérica entre representantes de empleadores y trabajadores. Observado este principio, cada Sección nacional determina si incluye a otros sectores(consumidores, cooperativas, ONGs, etc.), así como –en caso afirmativo– el peso de éstos en la respectiva delegación. La incorporación de nuevos actores sociales debería ampliar la representatividad del Foro más allá del ámbito de las organizaciones de empleadores y trabajadores así como influir incluso en la propia agenda de discusión del Foro. Sin embargo, ni la ampliación a otros sectores ha sido tan rápida ni abierta como sería de desear, ni la agenda de los temas sociales parece haber avanzado mucho más allá de las cuestiones estrictamente laborales. En cuanto a lo producido por el Foro hasta la fecha, se deben mencionar las respuestas a varias consultas que le realizara el GMC(entre otras la relativa a la«Declaración Socio–Laboral del M ERCOSUR ») y una serie de Recomendaciones sobre diferentes aspectos del proceso de integración, como ser: política de promoción del empleo, política industrial, relaciones con la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALADI), con el Area de Libre Comercio de las Américas(ALCA), protección del consumidor, barreras no tarifarias y trabas burocráticas en el Mercosur, medidas unilaterales de los gobiernos 16 Alvaro Padrón:«El Foro Consultivo Económico–Social del Mercosur», en ALOP–CEFIR–CLAEH: Seminario Participación de la sociedad civil en los procesos de integración, Montevideo, 1998, p. 252. 39
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