León Felipe Cubillos Quintero | 183 La Perla del Otún: los imaginarios de la inclusión social Todos éramos humanos hasta que: la raza nos desconectó, la religión nos separó, la política nos dividió y el dinero nos clasificó. Anónimo. El reconocimiento de la segregación socioespacial exige tanto la descripción de los aspectos biofísicos, como de las características socioculturales de ese ambiente concreto que llamamos territorio. En este espacio sociocultural y medioambiental se pueden ubicar las posiciones de los diferentes agentes sociales cuyo lugar que ocupan determina, en últimas, su acceso o déficit en bienes y servicios que se ofrecen en las diferentes políticas públicas. Esto implica que el goce de los beneficios económicos (trabajo, estrato, ingreso, etcétera), sociales(educación, salud, equipamiento urbano), culturales(bibliotecas, librerías, cine, teatro, espacios deportivos, entre otros) suele estar jerarquizado, segmentado y discriminado de acuerdo con el lugar que se ocupa en el espacio social, lo que simétricamente es homologable a los espacios físicos y medioambientales: quienes están ubicados en la parte superior del mundo social cuentan, verbi gracia, con suelos seguros, aprovechables y costosos, mientras quienes tienen la posición más desfavorable han de habitar suelos en zonas de riesgo, sin las condiciones mínimas de calidad de vida que debería proveer un estado social de derecho. La palabra segregación, etimológicamente, alude a separar, a apartar la convivencia de unos con los otros. En sociedades con vacíos democráticos como las nuestras, esa distancia social es producida por grupos“egregios”, que consideran estar más allá del rebaño, naturalmente predestinados a poseer las mejores posiciones y lugares sociales, frente a otros grupos condenados a suplir, siempre con urgencia, sus condiciones mínimas de existencia. No es gratuito, entonces, señalar a quienes no se les quiere considerar como parte de la sociedad con dos calificativos socioambientales: los sin techo y los sin suelo; impelidos a vivir en la calle o bajo la amenaza permanente de mal habitar zonas en riesgo.
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Ciudad, sostenibilidad y posconflicto en Colombia : Montería, Pereira, Florencia, Buenaventura
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