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Imaginar el futuro : ciudadanía y democracia en la cultura política dominicana
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IMAGINAR EL FUTURO. CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA 92 EN LA CULTURA POLÍTICA DOMINICANA 6. Conclusión: el desfase de la oposición y el montaje electoral En las elecciones del 15 de mayo de 2016 hubo poca novedad. Con excepciones de las candidaturas LGBT, la ausencia de nuevas propuestas caracterizó el pro­ceso electoral. La ciudadanía asistió a los comicios para optar por las autoridades a nivel presidencial, congresual y muni­cipal. La oposición competía en desventaja, se enfren­taba a la reelección del Presidente montada sobre un avasallante gasto en publicidad. Los resultados del estudio demuestran que la figura del presidente Da­nilo Medina se erigió en un contexto de legitimidad precaria y las denuncias por parte de grupo sociales y políticos sobre la corrupción y la impunidad. La oposición no pudo llevar a la contienda una pro­puesta política que capitalizara el descontento social y la desconfianza de la ciudadanía. Las elecciones dominicanas no parecen un proceso de legitimación del sistema político. La población asiste a unos comicios sin posibilidad de elegir proyectos políticos que respondan a demandas básicas no ga­rantizadas por la actual gestión gubernamental. Se da una desvinculación entre las necesidades sociales y lo político. Por tanto, el momento electoral se convierte en un espacio donde no se pone en escena el contra­poder de la ciudadanía. Llama la atención que, entre los aspectos percibidos como negativos del gobierno de Medina, la corrup­ción no figure como principal. Aunque la encuesta se realizó antes de que detonara el caso ODEBRE­CHT, la corrupción fue ancla de la oposición para enfrentar la reelección y, aun a pesar del escánda­lo de OISOE que precedió el proceso electoral y las denuncias sobre el uso de soborno para la reforma constitucional, solo alrededor de 20% la señala en­tre sus preocupaciones sobre el gobierno. Se sugiere un desfase entre las luchas de la oposición y los prin­cipales malestares de la población. Los principales problemas identificados con mayor frecuencia son la inseguridad ciudadana, la falta de empleo y los bajos salarios/alto costo de la vida. Se verá en el siguiente capítulo que la manera de abor­dar el tema de la corrupción en la República Domini­cana obstaculiza la agencia de la ciudadanía, al tiempo que dificulta conectar la lucha por el fin de la impuni­dad con los sedimentos de ideas políticas que pueden movilizar pasiones a una mayor escala. Un ejemplo claro de una figura erigida en base al tema lo constituye Guillermo Moreno, quien ha sido uno de los actores políticos más fervientes en señalar y denunciar la corrupción en los gobiernos del PLD. Ha concursado por la Presidencia en las tres últimas jornadas electora­les sin alcanzar más del 2% de los votos, y la gran mayo­ría de la población entiende que un político con su perfil tiene nada o muy poca posibilidad de llegar al poder. Se demuestra el doble fracaso de la oposición al no lograr conectar el problema de la corrupción con la figura del Presidente y al no presentar propuestas políticas conectadas con las demandas sociales de la ciudadanía: seguridad, trabajo e ingresos. En un contexto de legitimidad precaria se destacan como aspectos positivos del gobierno la política edu­cativa, la cualidad de escuchar al pueblo y mejora de infraestructura, dejando de lado problemáticas que afectan directamente la vida de las personas. La figu­ra presidencial se coloca por encima de los problemas sociales y económicos. Las elecciones lejos de ser un ejercicio de ciudadanía para elegir alternativas(cas­tigar) se desplegaron en un marco contrario, de no al­ternativa y de votar por propuestas fuera del marco de discusión cotidiano-político de las personas. En las democracias contemporáneas los ciudadanos se contentan cada vez menos con votar y dar carta blanca a sus representantes 22 . Hoy díaun poder solo se concibe como legítimo si se somete regularmente a una prueba de discusión y justificación 23 . La oposi­ción política y los movimientos sociales conciben la legitimidad en términos tradicionales y se encuen­tran atrapados en el formalismo procedimental. Iró­nicamente esto impide sumar en el propio ámbito electoral, porque le deja la vía libre al gobierno para realizar proselitismo fuera del período de elecciones. El ejercicio de la soberanía negativa o poder de veto que complementa el mandato electoral, implica una función propia de las organizaciones cívicas. Pero si no se da junto a una programación política común con los partidos políticos, no puede realmente ejercer un papel de control del poder político. Los partidos (sobre todo los de oposición) tienen que ser interfase entre los poderes difusos de la contrademocracia y los poderes institucionales de la democracia representa­tiva. Necesitan la capacidad de programar a los acto­res ciudadanos con un discurso propio. 22 Pierre Rosanvallon, Op. Cit. , p. 286. 23 Idem.