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Imaginar el futuro : ciudadanía y democracia en la cultura política dominicana
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IMAGINAR EL FUTURO. CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA 110 EN LA CULTURA POLÍTICA DOMINICANA 6. Conclusión: resignificar la lucha anticorrupción Resultan evidentes dos ideas principales asociadas a la corrupción. La primera, que se trata de una con­secuencia de la pobreza y las necesidades(sesgo cla­sista), y la segunda, que es producto de la falta de va­lores morales(sesgo moralista). Muy pocas personas la asocian al poder. La mayoría de las personas expresa poca o ninguna tolerancia ante la corrupción, la cual es identificada como un problema que afecta su vida diaria. Sin em­bargo, esto contrasta con la realidad de que la corrup­ción y el clientelismo son prácticas generalizadas en distintos ámbitos de la sociedad dominicana. Esto supone sesgos que impiden ver las desigualdades sociales y económicas detrás del fenómeno, así como la importancia del tráfico de influencia, el favoritismo, prácticas neopatrimoniales, etc. para la edificación de grandes fortunas privadas. Además, supone la exis­tencia de un orden moral superior o trascendental que recrimina la ambición, el cual es violentado por algu­nos individuos(los que se corrompen). En consecuen­cia, no es difícil percatarse por qué el rechazo a la co­rrupción no se convierte en un factor político decisivo. Ahora bien, también habría que destacar que para la mayoría de las personas la corrupción permea a toda la sociedad, pero sobre todo a la política. La corrup­ción es normal. Esto es particularmente cierto para los que simpatizan por el partido de gobierno. La diferencia en el ingreso también juega su papel. Se recuerda que la mayoría de las personas de todos los estratos rechaza la compra del voto, pero hay una mayor tendencia a este rechazo entre los estratos de ingreso más altos, lo que puede ser leído en términos de que el clientelismo a esos niveles no ocurre el día de las elecciones, sino a través de relaciones más sos­tenidas de oportunidades y ventajas del Estado, inclu­yendo contratos, consultoría, tráfico de información o influencia, etc. Para los dominicanos la generalización de la corrup­ción no es algo que produce alarma, y si bien quieren eliminarla o controlarla, esto se plantea desde un marco antipolítico reforzado por las organizaciones de la sociedad civil que luchan por la transparencia y el fortalecimiento de las herramientas legales anti­corrupción. Muchas veces estas iniciativas legales son apoyadas por los principales actores que se benefician de la corrupción a gran escala. Desde el punto de vista prospectivo, se destaca que la compra del voto y el rechazo al clientelismo son as­pectos más importantes para el electorado de los par­tidos de la oposición, al tiempo que se relacionan con diferencias clasistas. Existe mayor rechazo y se le da mayor importancia a la temática entre las personas de mayor ingreso, entre los que tienen un sesgo de clase, y entre los que viven en la región metropolitana(fren­te al resto del país). El tema no solo resulta menos importante en regio­nes apartadas del centro metropolitano y entre las personas de menor ingreso; sino que es muy posible que solo sea relevante para el electorado de los par­tidos opositores por ser un tema de campaña de sus principales líderes. En otras palabras, el rechazo a la compra del voto puede ser más un aspecto asumido por quienes ya simpatizan por partidos que asumen una postura clara frente al tema. Por lo que, de cara al electorado más amplio, es necesario replantear todo el tema del clientelismo y la corrupción. No se olvide que el pesimismo frente a la corrupción está asociado a la visión dominante sobre la ciudadanía que la relega a un rol sumiso a la autoridad. También el nivel de asociación entre pesimismo y exclusión de los espacios políticos, como en el caso de las mujeres. Para resignificar la lucha por la transparencia en el contexto de la construcción de una mayoría política y electoral, parece necesario abandonar la visión de la ciudadanía pasiva y sumisa. Asimismo, dimensionar la corrupción y el clientelismo en el contexto de las des­igualdades económicas y los privilegios de cierta élite económica. Se trata de desasociar el discurso de la trans­parencia tanto del sesgo moralista como de las ideas que culpabilizan a los pobres y, por el contrario, asociarlo a las ideas de justicia social sedimentadas en la cultura política y a las expectativas sobre la democracia. También se trata de contextualizar la lucha por la transparencia dentro de los mecanismos de contra­poder en la democracia contemporánea, y plantear­los como ejercicio del poder de control(vigilancia, denuncia y calificación o juicio) que ejerce la ciuda­danía. El juicioes ante todo una puesta a prueba de la validez normativa de una comunidad y un trabajo re­flexivo de elaboración de sus lazos constituyentes 14 . 14 Pierre Rosanvallon. Op. Cit., p. 230.