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Imaginar el futuro : ciudadanía y democracia en la cultura política dominicana
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ENCUESTA DE CULTURA POLÍTICA A N Á L I S I S D E R E S U L T A D O S 121 5. Conclusión: identidad y ciudadanía en la política democrática Dos temas que son transversales a las tradiciones sobre la dominicanidad(todas tienen que lidiar con ellos) son la negritud y el antihaitianismo, como expresión espe­cífica del racismo. Tanto el pesimismo como el trujillis­mo construyen identidades dominicanas desde una base racista. Una porque desdeña el mestizaje como unamaldición y la otra porque resalta la supuesta superioridad hispánica y católica sobre lo negro. Por su lado, la tradición popular enfrenta el antihaitianismo desde el orgullo de la negritud, reeditando un nuevo esencialismo que no solo ignora importantes minorías de recientes inmigraciones al territorio dominicano, sino que imagina una esencia de la negritud a partir de las propias construcciones coloniales y neocolonia­les. La tradición modernista lo que hace es cambiar de referente cultural desplazando la cuestión de la identi­dad de España a Estados Unidos. A partir de ello se ha intentado una aproximación a los temas conflictivos de la identidad, la identificación con el color de piel y el antihaitianismo. Muchos as­pectos relativos a la cultura y el folklore se excluyen porque el estudio no es sobre la identidad y la cultura dominicanas, sino una encuesta de cultura política. Por tanto, lo relevante ha sido cuestionar las actitudes frente a temas que históricamente han sido impor­tantes para la estructuración del poder y el ejercicio de la violencia en el país. Tendencialmente las mujeres son más tolerantes ha­cia inmigrantes haitianos, pero menos propensas a identificarse como negras 16 . Este punto puede expli­carse a partir de la construcción social de la autoima­gen en un país machista y racista en el que las mujeres negras son despreciadas frente a las blancas. También se ha visto cómo las personas que se identifi­can como blancas o indias tienden a tener actitudes más racistas que quienes se identifican como negras, mesti­zas o mulatas. Esto sería consistente con la explicación de que el indio como categoría de racialización respon­de a una estrategia para lidiar con el mestizaje desde la perspectiva de un discurso racista y antihaitiano de la dominicanidad. O mejor, queindio como categoría habría surgido para explicar el mestizaje sin admitirel negro trás de la ojera como diría Juan A. Alix. 16 Ver capitulo IX para más detalles. El antihaitianismo se ha visto fortalecido por el dis­curso nacionalista que ha sido asumido por los prin­cipales partidos y actores políticos hasta el punto en el que parece haberse revertido una tendencia de ma­yor tolerancia que se verificaba en la década anterior. Los menores niveles de tolerancia entre las personas organizadas en partidos políticos son preocupantes sobre todo cuando se toma en cuenta que en otros te­mas, como los derechos de las mujeres, la pertenencia a una organización política contribuye a una actitud más positiva hacia los derechos. Sin embargo, debe acotarse que la actitud menos tolerante no es igual en todos los partidos ni en todas las regiones. Si bien a nivel nacional menos de la mitad de las per­sonas expresa una actitud positiva a los derechos de inmigrantes haitianos, en las zonas metropolitanas y en las zonas donde la presencia de mano de obra hai­tiana está asociada al trabajo en el campo, se presen­tan mayores niveles de tolerancia. Ahora bien, los datos revelan un problema concreto en la construcción de la identidad dominicana en el imaginario público consistente en el predominio del esencialismo historicista. Es un problema con el que li­dian muchas sociedades. Tanto Mella 17 como Álvarez 18 señalan que la identidad dominicana debe repensar­se desde el ámbito de la política democrática, es decir, fundamentarse en una práctica política democrática. Lo planteado por estos autores no es una tarea fácil. El esencialismo está impregnado en cualquier iden­tidad. Lo importante es la resignificación del lazo co­munitario que vincule a los dominicanos a partir de una práctica política democrática(los dominicanos son los que luchan y trabajan por el país y su gente) en vez de elementos raciales o culturales(los domi­nicanos son hispanoparlantes o mulatos o los que bailan merengue, etc.). Dicho de otra manera, se tra­ta de construir una dominicanidad ciudadana(vín­culo político) y no folklórica o racializada. En esto consiste el reto de los actores políticos que luchan por la democracia en la República Dominicana. Para ello es posible y necesario reinterpretar los símbolos de la dominicanidad en esos términos y construir las fronteras de lo dominicano a partir de la lucha democrática frente a la élite autoritaria que dirige el país y que se plantea, desde esta perspectiva, como antidominicana. 17 Pablo Mella. Op. Cit., pp. 130-153. 18 David Álvarez Martín. Op. Cit., pp. 29-44