de maniobra, en las políticas públicas, en las negociaciones internacionales y en la proyección internacional de las empresas. En el eje global, es necesario una buena lectura del nuevo mapa de la competencia económica global y su incidencia en las negociaciones comerciales internacionales. El Director General de la OMC, ilustra bien la realidad del comercio mundial, cuando afirma al presentar el reciente informe sobre el comercio mundial, que"un número cada vez mayor de países está comerciando más, al tiempo que participa más activamente en el establecimiento de las normas comerciales". Se refiere a tres rasgos que tienden a acentuarse. El primero es el fuerte crecimiento del comercio mundial de bienes: 21% en términos nominales-el más elevado en los últimos 25 años- y 9% en términos reales en 2004. Se espera para este año un crecimiento menor, pero que aún así se estima llegará al 6,5% en términos reales. El segundo es el surgimiento de nuevos protagonistas en la competencia económica global. Entre ellos China, que es ya tercero en el ranking de 30 países que representan el 92% del comercio mundial de bienes. Los países en desarrollo representaron el 31% del comercio mundial, el mayor porcentaje desde 1950. El tercero es la gravitación que los nuevos protagonistas tienen en la ingeniería del consenso en la OMC, especialmente a través de coaliciones de geometría variable por las que expresan sus intereses. En este eje global, es prioritario para la Argentina todo lo que contribuya a fortalecer la OMC, a fin de lograr reglas de juego que faciliten su proyección externa, protección de sus derechos en el sistema de solución de controversias y disciplinas en la competencia por más acuerdos preferenciales. En el eje regional-el espacio sudamericano que incluye al Mercosur-, lo importante es preservar dos elementos estratégicos centrales. Uno es el predominio de la lógica de integración en una región por mucho tiempo marcada por la de la fragmentación. Es un objetivo político de alto valor económico-una zona de paz es menos costosa para los presupuestos nacionales y atractiva para los inversores, que una en la que predominen conflictos y tentaciones a la violencia-. Es además un objetivo que valoriza ante cualquier país con intereses en la región, el papel de moderación que pueden desempeñar, en particular, la Argentina, Brasil y Chile. El otro elemento es el de una efectiva preferencia económica que esté protegida contra las tentaciones proteccionistas unilaterales, a fin de incentivar inversiones productivas en función del mercado ampliado. Es hoy una cuestión central de un Mercosur que aspire a tener la credibilidad necesaria para jugar un papel de estabilizador político, en una región cuyas convulsiones empiezan a alarmar a los Estados Unidos y a las principales potencias europeas. En esta perspectiva, un Mercosur en serio es una prioridad argentina. En el eje interno, finalmente, la dispersión de energías institucionales y productivas es-junto a los errores de diagnóstico sobre lo que efectivamente se puede obtener en el plano internacional-, una de las principales ventajas que nuestro país suele otorgar a otros a la hora de competir y de negociar. Fortalecer la capacidad de poner en marcha una estrategia de inserción internacional resultante de una efectiva coordinación entre el sector gubernamental, los empresarios y la sociedad civil, es también una prioridad nacional. De los tres ejes estratégicos prioritarios, este último es el más decisivo.(El Cronista Comercial www.cronista.com 24/04/05) 7
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(2005) 3. Negociaciones Mercosur y Unión Europea
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