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Situación actual y perspectivas de las relaciones entre Venezuela y Brasil
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Situación actual de Brasil Brasil tradicional y moderno Desde el tratado de Tordesillas hasta nuestros días, Brasil y la América hispánica han convivido sobre bases del respeto mutuo nacido de experiencias de hermandad por un lado, y de rivalidades por el otro. La diferente evolución histórica interna de Portugal y de España parece haber inculcado a los luso americanos la capacidad para la planificación desapasionada y a largo plazo, traducida en políticas ejecutadas con persistencia y habilidad, en contraste con la mayor turbulencia, impaciencia, divisionismo y tendencia a la improvisación que en gran medida han caracterizado a los americanos hispanos. El hecho de que el inmenso Brasil haya logrado ser una sola nación, mientras Hispanoamérica se dividió en dieciocho, se debe en parte a estos divergentes rasgos psico­culturales de las respectivas madres patrias, aunque tal vez el principal motivo sea de índole material: España, enriquecida por las minas de oro y plata de México, Perú y Nueva Granada y convertida en primera potencia mundial, tuvo los recursos necesarios para gobernar su imperio americano en forma vertical e intervencionista, sometiendo cada una de sus parcelas provinciales al control directo de la corona y desalentando la integración horizontal entre ellas. En cambio Portugal, con recursos más escasos(y un desarrollado sentido de ahorro y previsión), encomendó el gobierno de Brasil a los brasileños mismos, a través de capitanías semiprivadas que, coaligadas y federadas, poblaron y desarrollaron el inmenso territorio, del litoral atlántico hacia el interior, impulsando el progresivo florecimiento de una identidad nacional única. La expansión de los bandeirantes hacia el Río de la Plata dio origen a repetidas pugnas a ratos bélicas y otras veces diplomáticas entre España y Portugal a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Después de su independencia, Brasil y Argentina fueron herederos de esta rivalidad de origen colonial, y en distintas ocasiones enfrentaron sus respectivas ambiciones territoriales y geopolíticas. Luego de la independencia de Brasil(1822), el Imperio de Pedro I y Pedro II fue percibido por los pueblos y gobiernos hispanoamericanos como actor internacional de tendencia conservadora, muchas veces aliado de influencias hegemónicas europeas. Asimismo, se le acusaba de expansionismo, ya que Brasil logró importantes éxitos en reclamaciones territoriales ante países vecinos, por la pericia de sus diplomáticos y el prestigio internacional de su monarquía y su aristocracia. La República brasileña, instaurada en 1890, mantuvo aspectos esenciales de la política exterior del Imperio pero le añadió elementos nuevos debidos en gran manera al genio diplomático del canciller Río Branco, quien fundó el ejemplar Servicio Exterior del Itamaraty y diseñó los lineamientos de una política exterior de Estado encaminada a crear para Brasil un entorno exterior seguro, de estados amigos o, cuanto menos, inofensivos, preferiblemente divididos y no compactados. Asimismo consideró necesaria la continuidad de un sólido pactopolar con una gran potencia foránea capaz de servir de socio comercial y aliado estratégico confiable, y al mismo tiempo dispuesta a respetar la soberanía y dignidad del menos fuerte. Después de Inglaterra, que comenzaba a pasar a un segundo plano, Estados Unidos constituiría esepolo externo. Los fundamentos de la política exterior de Río Branco se mantuvieron después de 1930, cuando la Gran Depresión mundial provocó en América Latina un reemplazo de oligarquías tradicionales por nuevas élites nacionalistas y populistas. Getulio Vargas, caudillo surgido como tercera opción entre el fascismo y el comunismo, dio señales de que 1