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Cultura de debate versus dogma : elementos de una visión progresista
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Posicionamiento ideo político No existen definiciones universalmente válidas o aceptadas del progreso o del progresismo. Creemos con Adorno que una idea vaga de estos conceptos es preferible ya que insistir en su especificación o precisión los haría desvanecer. Su significación varía según las regiones del mundo, momentos históricos y factores culturales. En un proyecto sobre lo que se entiende por progreso o progresismo en diferentes contextos culturales realizado por la Sociedad de Cooperación Internacional de Alemania en 2004, se llegó a una interpretación minimalista que todos compartían: progreso significa que las personas puedan vivir felices en sus países con un cierto nivel de bienestar. 4 La idea moderna del progreso se remonta a los philosophes franceses Turgot y Condorcet, para quienes les progrès, en plural, se observaban en tres ámbitos, a saber: la tecnología, las ciencias teóricas y la moral. Estos tres ámbitos se complementaban mutuamente, estaban unidos por una cadena de transmisión, de modo que la acumulación de saber práctico y teórico facilitaba la expansión de la economía y la universalización de la educación, generando mayor equidad y justicia. 5 El Estado intervendría con el fin de fortalecer este efecto en cadena y aseguraría de esta manera una expansión cuantitativa y cualitativa continua. El proyecto progresista fue atacado principalmente por dos flancos. Desde las posiciones socialistas radicales y comunistas, se argumentaba que el efecto en cadena sólo funcionaría si el Estado monopolizaba los medios de producción y definía las necesidades de las personas. Un siglo y decenas de millones de muertos a manos de las tiranías estalinianas y maoístas fueron muestras de que esta alternativa no es una opción. Por otra parte, desde las posiciones ultra y neoliberales se insistía en la necesidad de romper la cadena antes descrita, dejando que las fuerzas del mercado se encarguen de la expansión que, a su vez, fortalecería la ciencia y la tecnología y aseguraría mayor justicia mediante el efecto del trickling down o filtración de la riqueza hacia abajo. El proyecto neoliberal, basado en la idea del fin del progreso, también fracasó estrepitosamente, dejando una estela de injusticias distributivas tanto en los planos nacionales como internacionales. Hoy el proyecto progresista sigue en pie, está tomando cada vez más fuerza. Sostiene su visión utópica de una sociedad intra e internacional de libres e iguales donde los derechos humanos tienen plena vigencia, y asume la responsabilidad pragmática de combatir las injusticias aquí y ahora. Recurriendo nuevamente al ya citado Manifiesto de Euston, el proyecto se puede resumir como sigue:...reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado de bienestar, la hermandad de todos los hombres. Nadie puede verse excluido, nadie debe quedarse marginado. Somos partidarios de estos valores. Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica. Partiendo de este posicionamiento ideo político puede dibujarse el perfil de una utopía concreta y un proyecto progresista. 3