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Los acuerdos de asociación entre América Latina y la Unión Europea : el papel del movimiento sindical
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tados limitados a lo comercial. El movimien­to sindical debe tener una actitud abierta que se refleje en una política de alianzas amplia y de largo plazo, por dos motivos. El prime­ro es la necesidad de construir una articula­ción de fuerzas que sea capaz de disputar la idea de que los acuerdos entre América Lati­na y la ue deben ser simples entendimientos comerciales. Más de dos décadas de políti­cas neoliberales han creado una especie de sentido común que adjudica al libre comercio todas las bondades, entre ellas la de generar crecimiento y equidad social. Sin embargo, la experiencia en nuestra región demuestra lo contrario. Estos procesos generan ganado­res, principalmente los grupos económicos transnacionales, que son justamente quienes, junto con sus aliados en los gobiernos y los organismos internacionales, impulsan las ver­siones ortodoxas de los acuerdos de integra­ción. Les corresponde entonces a los partidos democráticos y a las organizaciones sociales, que representan a las grandes mayorías de la población, la tarea de construir alianzas am­plias y estratégicas entre e incluso con algu­nos sectores empresariales, en particular de pequeñas y medianas empresas. Estas alianzas deben generar una interacción amplia con la política, en particular con los parlamentos, tanto con los nacionales como con los regionales. Esto es fundamental para promover el debate político y ciudadano, esencial en una sociedad democrática, tam­bién debido a que cualquiera sea el acuerdo que se firme, deberá ser refrendado por los poderes legislativos. El segundo motivo por el cual el movimiento sindical debe buscar una amplia alianza tiene que ver con las ideas y propuestas. No se trata solo de enfrentar estos tratados y decir qué es lo que no se quiere. Es necesario construir una propuesta alternativa, que solo podrá surgir de un amplio espectro de visiones e intereses, para transformarse en una bandera impulsada por una mayoría sustantiva de los ciudadanos. Solo así, con una propuesta alternativa y con la fuerza suficiente para impulsarla, se podrá influir positivamente en las negociaciones. 14 Pero para ello el movimiento sindical debe abandonar la idea de vanguardismo, asumir sus debilidades y superar sus limitaciones. La integración regional como bandera Una vez abierto este debate, es hora de asu­mir que ninguna batalla se gana solo desde la resistencia, con el«no» como única propues­ta. Es necesario un proyecto alternativo y éste, sin duda, es la integración regional. Se trata de un proceso complejo, en el que se deba­ten intereses y visiones económicas, políticas y sociales diferentes. Por ello, el movimiento sindical, en alianza con otros sectores, debe levantar la bandera de la democratización y profundización de la integración regional. El acuerdo de asociación con la ue es una opor­tunidad para profundizar esa estrategia, ya que la ue plantea la negociación bloque a bloque, lo que exige a cada subregión latinoamericana una respuesta conjunta. Pero América Latina necesita un nuevo enfo­que de integración regional, verdaderamente supranacional, más eficaz, representativo y legítimo, más cercano a la realidad social y territorial, orientado a mejorar las condiciones económicas y la cohesión social. En ese senti­do, la ue le reclama a los tres bloques avances en el proceso de integración como condición previa para la firma de un acuerdo. En la Cumbre de Viena, por ejemplo, América Central se comprometió a avanzar en diferen­tes aspectos de su integración para facilitar el inicio de las negociaciones. Esto sintoniza con la estrategia sindical de contraponer la integra­ción regional a los tlc . En oposición al Cafta, la negociación con la ue le permite a América Central actuar como región y evita que gobier­nos y empresarios negocien de forma bilate­ral. Es similar la situación en la can , donde la presión por negociar acuerdos bilaterales con eeuu es muy fuerte. Pero hay que tener en cuenta que, en lo refe­rente al capítulo comercial del acuerdo, la ue