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El sindicalismo frente al Mercosur
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festó su preocupación ante un posible apre­suramiento en la ampliación del M ercosur y la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones( csn ). La ccscs advirtió sobre el modo en que se produciría el«encaje» entre los tres procesos de integración en marcha: la creación de la csn , el acuerdo entre el M er ­cosur y la Comunidad Andina de Naciones ( can ) y el proyecto de M ercosur «estirado», con la inclusión de Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, además de Chile y Bolivia. Para la ccscs , la conformación de un bloque sud­americano solo podría ocurrir a partir de una sólida alianza entre la can y el M ercosur . Al mismo tiempo, destacaba que ambos blo­ques acumulaban un conjunto de problemas y enfrentaban serias dificultades a la hora de profundizar el proceso de asociación. El docu­mento se preguntaba si los gobiernos tendrían «capacidad de resistir a la estrategia bilatera­lista y anti –M ercosur que eeuu quiere impo­ner en el alca ». En el segundo semestre de 2005, cuando el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, asu­mió por primera vez la presidencia pro tem­pore del M ercosur , las centrales sindicales tuvieron una importante participación en una serie de actividades orientadas a ampliar la presencia de las organizaciones sociales. Los eventos fueron realizados por el movimiento «Somos M ercosur », creado por algunas or­ganizaciones sociales con apoyo de la Funda­ción Friedrich Ebert y el Centro de Formación para la Integración Regional( C efir ). El objeti­vo era compensar la política anti –M ercosur impulsada por el gobierno de Jorge Batlle e involucrar a la sociedad uruguaya en el pro­ceso. En 2006, el movimiento Somos M ercosur se trasladó a Argentina y Brasil y contó con la participación de funcionarios gubernamenta­les, quienes junto con las centrales sindicales y decenas de organizaciones y movimientos sociales organizaron las cumbres sociales en forma simultánea a la reuniones presidencia­les. La ccscs estuvo presente en las dos cum­bres sociales, pero no logró capitalizar sus 15 años de experiencia en las resoluciones fina­les. Finalmente, en 2006 y 2007, las formulacio­nes y documentos de la ccscs se orientaron sobre todo a los temas de empleo y al cuestio­namiento de los bajos resultados alcanzados por los nuevos gobiernos en lo que se refiere a las cuestiones sociales y laborales. El desafío de pelear por la aplicación de los derechos laborales La ccscs es ampliamente reconocida por sus formulaciones sobre políticas para el desarro­llo del M ercosur y por sus contribuciones en el campo laboral. Pero ¿se ha logrado avan­zar en resultados económicos y sociales con­cretos? ¿Se ha dado alguna lucha conjunta o sectorial por la redistribución de las ganancias que el libre comercio ha proporcionado a las grandes empresas? Desde el principio, por pedido de la ccscs , el M ercosur contó con un espacio de trata­miento de los temas laborales, el Subgrupo de Trabajo sobre Relaciones Laborales, Em­pleo y Seguridad Social(sgt 10) 4 , coordinado por los Ministerios de Trabajo de cada Estado miembro, del cual participan las organizacio­nes sindicales y empresarias de los cuatro países. En funcionamiento desde 1992, el sgt 10 ha logrado algunos resultados importantes, como la firma de la Declaración Sociolaboral del M ercosur ( dsl ) en diciembre de 1998. Se trata de un instrumento jurídico de carácter «declaratorio y no vinculante», que establece un compromiso entre los Estados para la apli­cación de un conjunto de derechos básicos y universales: derecho a la organización y nego­ciación colectiva, no discriminación e igualdad de trato, erradicación del trabajo infantil y del 4 Al principio tomó el nombre de sgt 11, ya que ocupaba ese lugar en el orden de creación de los subgrupos de trabajo; des­pués de 1995 pasó al décimo lugar y tomó el nombre de sgt 10.