rea 6 , los Ministerios de Trabajo no tomaron iniciativa alguna ni tampoco buscaron las condiciones para concretar la investigación. Las centrales sindicales criticaron la omisión, pero no presionaron a los gobiernos ni a las organizaciones patronales para que se efectuara esa tarea. No se encaró la realización del relevamiento como una forma de exigir un mayor compromiso de los gobiernos con la dsl , que además contribuiría a fortalecer a la csl como un espacio de promoción de los derechos laborales. Mirando estos y otros hechos, la conclusión es que la csl todavía no es una herramienta de presión: entre 1999 y 2007, solo fue presentada una denuncia. Fue en mayo de 2005, cuando la cut de Brasil acusó a la planta de Unilever de la ciudad de Vinhedo, en San Pablo, de hacer una campaña para que los empleados se desafiliaran del sindicato, lo que implicaba una clara violación a la dsl . La denuncia fue presentada a la reunión regional de la csl en Asunción y el resultado fue la decisión de que la sección brasileña del organismo realizara una reunión en Brasil, con la presencia del sindicato y de la empresa, con el objeto de entablar negociaciones para poner fin al problema. Pero fue solo un caso. En 2007, la ccscs propuso a la csl realizar una revisión de la dsl , su contenido y su formato jurídico, antes de su décimo aniversario. El trabajo está en curso y el desafío es lograr aumentar su peso jurídico de modo que la csl pueda ser utilizada como mecanismo de presión. El desafío de convertir al M ercosur en un tema del sindicalismo nacional Desde el principio, la ccscs adoptó una postura amplia frente al M ercosur . Presentó propuestas para la protección laboral, pero también emitió documentos y propuestas sobre el modelo de integración y la política de desarrollo regional desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores. La ccscs impulsó un acuerdo de integración basado en la complementación productiva, destacó la necesidad de consolidar el desarrollo productivo, profundizar la institucionalidad de la integración, etc. Hasta entonces, las centrales sindicales de otras regiones, y las ong en general, se limitaban a hablar de los aspectos estrictamente sociales. Estas decisiones fueron importantes para que los dirigentes sindicales pudieran incidir en varios aspectos del proceso negociador y lograran alcanzar reconocimiento institucional sin perder su independencia y autonomía. El sindicalismo tuvo una posición propositiva y no solo defensiva. Fue esa comprensión política y la calidad de su participación lo que convirtió a la ccscs en un interlocutor social importante. Sin embargo, la«alta política» de las cúpulas sindicales no se articuló con las políticas y las prácticas llevadas en planes nacionales. Esto tal vez explique lo que mencionamos al principio: quizás la crisis del M ercosur no repercutió en las relaciones intersindicales porque el tema de la integración no forma parte de las prioridades de los sindicatos en cada país. Pese a la creciente interdependencia entre las cuatro economías, la dirigencia sindical no ha logrado vincular su acción en el M ercosur con sus políticas en el orden nacional. En 1994, la ccscs reconoció la importancia de organizar comisiones sindicales sectoriales para poder seguir el trabajo de los distintos subgrupos y formular propuestas para los diferentes aspectos del proceso de integración. La experiencia funcionó por un tiempo, pero no logró los resultados previstos, porque estaba muy atada a la agenda de los subgrupos, que con el tiempo se fue reduciendo. La propuesta, ahora, es recuperarla. A fines de 6 LA cut de Brasil presentó, en 2005, una propuesta para la discusión del tema, pero no hubo consenso para tratar la cuestión, ni siquiera entre los sindicalistas. 11
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