Programa de Cooperación en Seguridad Regional América Latina y la nueva NSS Nuestra región casi no se menciona en la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Esto no es necesariamente negativo. Más bien refleja que este país no percibe amenazas inminentes o intereses vitales de seguridad que estén en riesgo en América Latina, aunque en otros documentos sí se expresa alguna preocupación por la creciente presencia de China, y en menor medida de Rusia e Irán en el hemisferio, así como también respecto de las“amenazas no convencionales” provenientes de la región, y que afectan el bienestar y la seguridad interna de Estados Unidos. En este sentido, el interés norteamericano en la región continúa siendo poder asegurar una estabilidad“a bajo costo”, que impida tener que distraer capacidades y recursos de otras áreas que sí son vitales para el interés nacional estadounidense. Al respecto, es interesante constatar cómo ahora en los documentos oficiales de este país se incluye la necesidad de apoyar políticas que generen mas“inclusión social” en América Latina(NSS, p.44), lo que implica un reconocimiento de que la pobreza y las desigualdades son una fuente potencial de inestabilidad, que indirectamente puede afectar también los intereses norteamericanos en la medida que incrementa fenómenos como la inmigración ilegal, el tráfico de drogas, el crimen organizado, la existencia de estados fallidos, o la consolidación de gobiernos anti-norteamericanos en el hemisferio. Cuando el documento habla entonces de “amenazas asimétricas” que deben ser abordadas a tiempo y de manera eficaz, América Latina sin ser mencionada explícitamente, aparece“en el radar” en la medida que muchas de éstas tienen un origen en nuestra región. De ahí que buena parte de las iniciativas de cooperación militar norteamericana en el hemisferio, esté hoy focalizada en Centroamérica, el Caribe y la parte norte de Suramérica, justamente las zonas donde proliferan este tipo de amenazas. Y en este sentido, no deja de ser preocupante lo que varios centros de estudios y ONG han advertido en el último tiempo: el riesgo de una creciente“militarización” de la política exterior norteamericana, considerando que el Julio de 2010, Página 4 grueso de los recursos y programas para las actividades de contrainsurgencia, lucha contra el narcotráfico, o políticas de reconstrucción post-conflicto(Haití por ejemplo) estén hoy concentradas en el Pentágono, y bajo responsabilidad de autoridades militares estadounidenses. El único actor regional explícitamente mencionado es Brasil, en su ascenso como potencia emergente en el sistema internacional. A este respecto, la NSS reconoce el nuevo liderazgo que comienza a cumplir Brasil tanto en los grandes temas internacionales, como en los asuntos del hemisferio. Autoridades norteamericanas incluso han sugerido la posibilidad de“delegar” en Brasil el manejo de algunos temas regionales en el futuro, pero un acomodo al nuevo rol internacional que comienza a ejercer este país no será fácil y sin controversias. Brasil tiene su propia agenda, y muchas veces ésta no coincide con los intereses norteamericanos. Últimamente ambos países han tenido discrepancias importantes en diversos asuntos, desde el manejo del caso de Irán, a la situación en Cuba, el golpe de estado en Honduras, las bases militares en Colombia, o las críticas norteamericanas al manejo que Brasil hace de la amazonía. Como dijo en algún momento el Presidente Lula,“tendremos que conversar más con el compañero Obama”, porque hasta ahora el diálogo entre Estados Unidos y la región continúa siendo claramente insuficiente, en términos de asegurar políticas convergentes frente a los principales problemas del hemisferio. Conclusiones La nueva NSS tiene como objetivo principal dejar atrás las definiciones estratégicas elaboradas durante la administración Bush, y construir una nueva“hoja de ruta” que le permita a Estados Unidos mantener un papel decisivo en los grandes asuntos mundiales, en un escenario donde las capacidades de influencia de este país se han relativizado como resultado de la creciente interdependencia, la complejidad de los problemas globales contemporáneos y la multiplicidad de actores emergentes que hoy buscan incidir en los debates y políticas que determinarán el orden internacional del siglo XXI.
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