la producción de etanol y biodiesel a partir de granos que son base de la alimentación de seres humanos, y también sustento para la cría de animales. Según el FMI, precios más altos del maíz y el aceite de soja"probablemente también impulsarán al alza el precio de sustitutos parciales(de ambos productos) como el trigo y el arroz(...) y ejercerán presiones al alza sobre los precios de la carne, la leche, y las aves(de corral) al aumentar los costos de cría de animales", cuyas raciones frecuentemente incluyen estos alimentos. "Mientras en una pequeña escala los biocombustibles pueden ser beneficiosos complementando el abastecimiento de combustible(tradicional), promover su uso a niveles insostenibles para la tecnología actual es problemático", destacó el organismo. Los proyectos de reemplazar porcentajes importantes del consumo energético en Estados Unidos y Europa en los próximos años por etanol y biocombustibles, requerirán incrementos fuertes de producción de las materias primas que se utilizan para producirlos en esas dos regiones(esencialmente maíz en suelo estadounidense y trigo y remolacha azucarera en el viejo continente), constató el FMI. Esto"a menos que los aranceles al etanol importado sean reducidos" en ambas zonas, para dar entrada a biocombustibles producidos en regiones del mundo que son más eficientes, destaca el organismo financiero. El gobierno brasileño, desde el presidente Luis Inacio Lula da Silva para abajo, viene pidiendo desde hace varios años esta reducción de subsidios y aranceles que perjudica a su pujante industria de producción de etanol. El Observador, 12/04/07 Alianza de intereses para explotar los biocombustibles João Pedro Stedile El Movimiento de los campesinos Sin Tierra de Brasil(MST) y la organización internacional Vía Campesina condenan la iniciativa del presidente Bush, que, en su gira latinoamericana, se propone seducir y cooptar a los gobiernos de la región para que promuevan la producción, en gran escala, de biocombustibles-como el alcohol de caña de azúcar y el etanol de maíz- para exportarlos al mercado estadounidense. Recientemente, seiscientos dirigentes de movimientos campesinos de todo el mundo, científicos y ambientalistas estuvimos reunidos en Malí para discutir los problemas relacionados con la soberanía alimentaria en nuestros países. Analizamos la ofensiva en ciernes para la producción de biocombustibles y convinimos en que se ha estrechado una alianza diabólica para unificar los intereses de tres grandes sectores del capital internacional: las corporaciones petroleras, las transnacionales que controlan el comercio agrícola y las semillas transgénicas y las empresas automovilísticas. ¿Qué quieren? Mantener el actual patrón consumista del primer mundo, con sus tasas de ganancia. Para ello, pretenden que los países del Sur concentren su agricultura en la producción de combustible para abastecer a los automotores del primer mundo. La energía que contienen los granos o plantas es, en realidad, una metamorfosis agroquímica de la energía solar que, a través del aceite vegetal o del alcohol, se transforma en combustible. Las mejores condiciones para este proceso están en el sur del mundo, donde es mayor la incidencia de la energía solar y donde aún hay tierras disponibles. Además, las empresas quieren aprovechar el empuje de los agrocombustibles para expandir las semillas transgénicas de soja y maíz, asegurándose ganancias por patentes y ventas de agrotóxicos por desarrollo de la agricultura energética. A la alianza trilateral sólo le interesa obtener ganancias, no le preocupa la situación ambiental. Ha optado por la energía renovable para no depender del petróleo, que importa de países que hoy tienen gobiernos nacionalistas, como Venezuela e Irán, por el fracaso de la guerra en Irak, que ha impedido que Estados Unidos se apropiara de su petróleo, y por la inestabilidad política en Nigeria, Arabia Saudita y Angola. 6
Heft
(2007) 16
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