Los movimientos campesinos sostienen, en primer lugar, que no se debe emplear el término biocombustible, ya que relacionar genéricamente energía con vida(bio) es manipular un concepto que no existe y debe ser reemplazado por agrocombustible. Segundo, admitimos que el agrocombustible es más adecuado para el medio ambiente que el petróleo. Pero esto no afecta la esencia de la encrucijada que enfrenta la humanidad: el modelo actual de derroche de energía y de transporte individual, que debe ser sustituido por un modelo basado en el transporte colectivo(tren, metro, etcétera). Tercero, estamos en contra del empleo de bienes que se destinan a la alimentación humana para obtener agrocombustibles. Cuarto, aunque la producción de agrocombustibles se considere necesaria, debe someterse a modos sustentables. Afirmamos que es posible producir combustibles con productos agrícolas si se los cultiva en forma sustentable, en unidades pequeñas y medianas, que no desequilibren el medio ambiente y signifiquen mayor autonomía para los campesinos en el control de la energía y el abastecimiento de las ciudades. La Nación, 14/03/07 El gran peligro de los biocombustibles: hipotecar nuestro futuro Matías Mongan En un artículo publicado en el Periódico Granma, el legendario líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, volvió a expresar su desacuerdo a la iniciativa que busca convertir a los alimentos en combustible para automóviles. Según Castro la propuesta del Presidente estadounidense, George W. Bush, que busca incrementar la producción a nivel mundial de etanol –al que Castro sostiene que según cálculos puede producir la muerte prematura por hambre y sed de alrededor de 3 mil millones de personas- no significa otra cosa que“la internacionalización del genocidio”. “Los cinco principales productores de maíz, cebada, sorgo, centeno, mijo y avena, que Bush quiere convertir en materia prima para producir etanol, suministran al mercado mundial, según datos recientes, 679 millones de toneladas”, señalo el revolucionario cubano. A su vez los cincos países que más consumen estos productos necesitan 604 millones de toneladas anuales para alimentar a su población. O sea que al final sólo queda un remanente de menos de 80 millones de toneladas. “Este colosal derroche de cereales para producir combustible, sin incluir las semillas oleaginosas, solo serviría para ahorrarles a los países ricos menos del 15 por ciento del consumo anual de sus voraces automóviles”, enfatizó Castro. Quien también criticó la idea acerca de expandir la lógica de convertir alimentos en combustibles es el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. El dirigente sandinista remarco que la cruzada del presidente estadounidense en defensa de los biocombustibles demuestra que “el mundo capitalista se encuentra bajo los dictados del consumismo”. Esta vorágine, que esta poniendo en jaque al planeta, no les permite darse cuenta que la naturaleza fue creada para crear alimentos y no para hacer funcionar automóviles. Sin lugar a dudas que la iniciativa de la Casa Blanca de masificar la producción de etanol ha desatado un gran número de polémicas, pero también ha comenzado a producir efectos negativos en las economías de los países latinoamericanos: más precisamente en Colombia. Hace pocos días el Departamento Administrativo Nacional de Estadística(DANE) dio a conocer que la inflación del mes de marzo de 2007 fue del 1,21 por ciento. En lo que va de este año este índice, que ataca el poder adquisitivo de los colombianos, ya alcanzó el 3,21 por ciento y amenaza con sobrepasar tranquilamente el tope anual previsto por el Banco de la Republica, el 4 por ciento. Según el Ministro de Agricultura de Colombia, Andrés Felipe Arias, esta situación es producto de las inclemencias climáticas-como el fenómeno del Niño- que llevaron a que se produjera 7
Heft
(2007) 16
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