una severa contracción en la oferta de alimentos. Sin embargo:“Un factor adicional fue la demanda de productos agrícolas para la producción de etanol”, destacó Arias. El funcionario del gobierno de Uribe reportó, que la frecuente utilización de las áreas agrícolas para sembrar cereales útiles para la elaboración de biocombustibles, esta llevando a que se de una menor importancia al cultivo de alimentos necesarios para la población. Asimismo los productos empleados para el engorde de los animales(chanchos y vacas, por ejemplo), también se han encarecido debido al uso masivo de cereales. Esto a su vez ha desencadenado una distorsión en los precios de los productos derivados de la carne, pollos, entre otros productos. En ese sentido, Arias pronosticó que el precio de los alimentos continuara en alza durante el transcurso del año, hasta que se de un reacomodamiento de las áreas utilizadas por los productores de biocombustibles. Mientras-como se desprende de las declaraciones del Ministro Arias- los sectores agrícolas colombianos cada día se vuelcan más hacia el etanol. En el departamento de Chocó se desató una crisis humanitaria debido a numerosos casos de desnutrición, donde según denuncias de la Defensoría del Pueblo, en esa región solamente entre enero y marzo de este año murieron 49 niños a causa del hambre. No es una paradoja que a pesar que millones de sus compatriotas muchas veces no tienen para comer, en Colombia los sectores afines al campo hayan decidido apoyar la propuesta de la Casa Blanca que busca convertir a los alimentos en combustibles para autos. Y muchos gobiernos latinoamericanos parecen ir por la misma senda. ¿Qué es más importante: la vida de un ser humano, o que el gobierno de Estados Unidos, gracias al etanol, pueda continuar con su política consumista-devoradora de los recursos naturales, que deteriora la salud del planeta?( Agência Periodística del Mercosur, 04/04/07) La opción de Brasil Marco Aurelio García Los encuentros Bush-Lula en San Pablo y Camp David han provocado una discusión inusitada sobre biocombustibles. Fidel Castro ha criticado el uso del etanol y del biodiésel. Para él, el etanol, sobre todo el obtenido a partir del maíz, beneficia el consumo de los ricos y saca alimentos a los pobres. La opción brasileña por los biocombustibles tiene historia. Ganó densidad a partir de 2003 y estuvo presente en los diálogos de Lula con sus pares latinoamericanos en los últimos años. De esos contactos resultaron iniciativas concretas con Bolivia, Uruguay, Ecuador, Haití y Venezuela. El gobierno brasileño está convencido de que los combustibles renovables permiten enfrentar cuatro grandes desafíos. Primero, la crisis energética que afecta la humanidad, incluso a los países desarrollados. Segundo, el desempleo y la concentración de la renta. Generando millones de puestos de trabajo, los biocombustibles permiten expandir y distribuir mejor la renta. Tercero, el calentamiento del planeta. El etanol y el biodiésel reducen la emisión de elementos poluyentes. El cuarto desafío es lograr una industria de nueva generación, capaz de producir nuevos materiales, medicamentos, abonos y alimentos para animales. El ejemplo brasileño indica que el riesgo de que los programas de biocombustibles contribuyan al aumento del hambre no es real. El hambre no es causada por la falta de alimentos, sino por la falta de empleos y de ganancias, que afecta a mil millones de hombres y mujeres. Como nos recuerda el sociólogo Emir Sader, hoy día se producen alimentos suficientes para 12.000 millones de personas. Evidentemente, la producción global de biocombustibles merece cuidados. Es necesario seleccionar oleaginosas cuya explotación con fines energéticos no provoque elevación del precio de bienes alimenticios, como está ocurriendo con el maíz. A diferencia de la caña de azúcar, el maíz no es adecuado, ni económica ni socialmente, para la producción de etanol. Los biocombustibles no aumentan la dependencia de los países pobres en relación con los 8
Heft
(2007) 16
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