Alternativas de manejo de la industria petrolera venezolana y su rol en el desarrollo nacional La experiencia histórica concreta nos indica que la política petrolera eficiente para Venezuela no es aquella que maximiza la renta petrolera, sino aquella que, en conjunción con una política económica integral, sea capaz de impulsar el máximo crecimiento de los distintos sectores productivos de su economía en el largo plazo. Es decir, la política petrolera debe entenderse como un capítulo de la política integral del Estado para impulsar el desarrollo global de nuestro país. La políticas fiscal, monetaria, cambiaria, comercial y de gasto e inversiones públicas, deben estar definidas para convertir a Venezuela en un país de altos volúmenes de comercio internacional que exporte una mayor cantidad de bienes y servicios distintos al petróleo y que haga uso eficiente de sus recursos. Esto significa una economía muy abierta comercialmente, corrigiendo cualquier distorsión que impida el logro de la competitividad internacional de la misma. Con un sector público reestructurado, con el compromiso de lograr un gasto eficiente en educación y salud pública, seguridad social, justicia e inversiones sociales y en infraestructura para el desarrollo. La política petrolera y energética compatible con ese nuevo modelo de desarrollo, sería aquella que permita una expansión sustancial de la inversión y la producción petrolera en el país. Sólo en un contexto de crecimiento importante de la inversión y producción petrolera será posible resolver la contradicción entre el desarrollo del sector petrolero y el del resto de los sectores productivos. Altos volúmenes de inversión y producción petrolera(en un sector intensivo en capital), conjuntamente con una política cambiaria, comercial y de inversiones públicas como la delineada, permitirían una extraordinaria expansión de los sectores industrial, agrícola, turístico, eléctrico, de la construcción, transporte y de servicios en general. La política petrolera óptima para un país de altas reservas de hidrocarburos como Venezuela es la de aumentar las inversiones y la producción para garantizar la explotación efectiva del recurso. Pero los impactos definitivos de esa inversión petrolera y del resto del gasto público y privado en la economía no petrolera dependerán inexorablemente de la calidad de la política económica global que se ejecute, cuya vocación inequívoca debe ser la de impulsar el crecimiento acelerado de esos sectores distintos al petróleo. Una política pública de vocación social de largo aliento, debe estar consciente de la oportunidad que tiene la sociedad venezolana para rediseñar el sector hidrocarburos, químico, petroquímico y eléctrico, con la visión de lograr la conformación de un sector energético competitivo internacionalmente y que a la vez desarrolle y establezca una nueva relación entre el ciudadano venezolano y la riqueza petrolera. 10
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