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Hacia una nueva arquitectura sindical en América Latina?
Entstehung
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fue la fuerte articulación con otros movimientos sociales y actores de la sociedad civil. Quizás el impulso más alentador para el mo­vimiento sindical, después de largos años a la defensiva, derive del surgimiento, en muchos países, de gobiernos progresistas elegidos por su discurso antineoliberal. Algunos de ellos in­cluso contaron con el apoyo decisivo del mo­vimiento sindical. Aunque la nueva coyuntura política latinoamericana no cambiará automá­ticamente la difícil posición del sindicalismo, puede ayudar a oxigenarlo en algunos aspec­tos. Por ejemplo, a través de una valoración distinta y de la aceptación del sindicalismo como un socio para aplicar políticas progre­sistas, mediante una mejora de la legislación laboral y del respeto a las normas laborales y la libertad de organización. Una experiencia interesante es la de Uruguay, donde las re­cientes reformas al marco laboral permitieron y estimularon un fuerte crecimiento de la tasa de sindicalización. La unidad sindical en América Latina En América, las organizaciones más afecta­das y comprometidas con el acuerdo entre la C iosl y la cmt en la creación de una nueva central mundial fueron las dos organizacio­nes regionales: la Organización Regional In­teramericana de Trabajadores( orit ), afiliada a la C iosl , y la Central Latinoamericana de Trabajadores( clat ), perteneciente a la cmt . Además, otros actores sindicales fueron afec­tados por este proceso, frente al cual todos se vieron forzados a posicionarse. Entre ellos se destacan las centrales«independientes», aquellas agrupaciones nacionales que no es­taban afiliadas a ninguna central internacional. También tuvieron que adoptar una postura los vestigios latinoamericanos de la otrora pode­rosa Federación Sindical Mundial( fsm ), repre­sentada básicamente por la Central de Traba­jadores de Cuba( ctc ), y las organizaciones vinculadas al concepto sindical –todavía poco claro– de la Revolución Bolivariana del presi­dente venezolano Hugo Chávez. Por otro lado, el proceso de creación de una nueva central mundial supone desafíos impor­tantes para dos actores sindicales regionales: las Federaciones Sindicales Internacionales ( fsi ), que agrupan a los sindicatos naciona­les por rama de actividad y tienen una larga tradición en América Latina; y las coordina­doras subregionales, una novedad en la es­cena sindical latinoamericana, que articulan a las centrales nacionales por región –Cono Sur, zona andina y Centroamérica– y que han evolucionado como parte de los procesos de integración. La orit como pilar de la unificación. El pa­pel de la C iosl como fuerza dominante en el proceso de creación de la nueva central mun­dial se corresponde con el protagonismo de la orit en el continente americano. En la orit , que cuenta con unos 23 millones de afiliados cotizantes, están nucleadas no solo las cen­trales con más afiliados, sino también las más relevantes de la región. Entre ellas se desta­can la estadounidense Federación Americana del Trabajo Congreso de Organizaciones In­dustriales( afl cio , por sus siglas en inglés), la cut brasileña, la Confederación General del Trabajo( cgt ) argentina, el Congreso del Tra­bajo de Canadá(clc, por sus siglas en inglés), la Confederación de Trabajadores de México ( cmt ) y la Unión Nacional de Trabajadores ( unt ) mexicanas, y la Central Única de Traba­jadores( cut ) chilena. A pesar de que la orit era la organización re­gional de la C iosl , existen diferencias en el desarrollo histórico de ambas organizaciones, que se explican, al menos en parte, por la con­vivencia del sindicalismo norteamericano con el latinoamericano dentro del mismo espacio. La orit fue fundada 1952 como filial de la C iosl para todo el continente americano, con sede en México. Desde sus inicios estuvo mar­cada por la lógica de la Guerra Fría. No podía ser de otra forma, ya que su destino fue rápi­damente definido por la central estadouniden­se afl cio , que asumió sin fisuras la óptica del Departamento de Estado. La dominación de la afl cio sobre la orit fue el reflejo de su enor­me poder económico y político.