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Alternativas para estrategias de coalición de la centroizquierda : el difícil camino de la unidad en la diversidad
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ALTERNATIVAS PARA ESTRATEGIAS DE COALICIÓN DE LA CENTROIZQUIERDA sectores medios y en los centros pequeños e intermedios del interior, pero puede extenderse a otros sectores, incluidas capas bajas afectadas por el proceso inflacionario desatado. Contra lo que algunos voceros del oficialismo sostienen, estos sectores en fuga hacia la oposición no tienden a agruparse en posiciones ideológicamente conservadoras: todo lo contrario, el go­bierno enfrenta demandas y críticas que globalmente reclaman haga aquello que prometió, y se muestra incapaz de cumplir; lo que, al menos en principio, facilita el trabajo de las oposiciones progresistas, más que el de las de derecha. Y ello en gran medida se debe a que lejos de desmentir la viabilidad y conveniencia de seguir una política distributiva, de promover la intervención pública allí donde el mercado no alcanza, y cosas por el estilo, la crisis actual, debido a su carácter eminen­temente político, revela la conveniencia de buscar otros representantes para las demandas y ex­pectativas que el propio gobierno ha hecho tanto por alentar: él se enfrenta, en este sentido, a una situación comparable a la de 1987, o la de 1997, mucho más que a las de 1989 o 1999. La situación aporta aún otras novedades interesantes: la falsedad del apotegma según el cualsólo los peronistas saben gobernar(y también en alguna medida el que señala quesólo el peronismo puede resolver los problemas que él mismo crea) está alentando una fuerte demanda de oposi­ción, de alternativas políticas y, sobre todo, de colaboración entre actores políticos afines para re­solver problemas que se perciben como graves(y agravándose) pero no inevitables. Es decir, se le pide a la política y a los políticos que hagan su trabajo, en vez de empeorar las cosas con sus acti­tudes. Ello, que de un lado es un estímulo para el reformismo progresista, por otro habla a las claras del estado de indefensión en que se encuentran nuestras instituciones democráticas en au­sencia de competencia política efectiva, y de los riesgos que se corren en términos de una nueva frustración colectiva en caso de que no seamos capaces de hacer funcionar mejor los mecanismos de representación y gobierno. Y habla también en particular de la subutilización de oportunidades para la reforma social e institucional que ha caracterizado a los años del kirchnerismo. Sus fracasos, en suma, lejos de desmentir que es necesario más Estado, mejores instituciones y regulaciones, más justicia y distribución en la Argentina actual, revelan lo poco y lo mal que se avanzó en direc­ción a esos objetivos. Aprendiendo APRENDIENDO DEL PASADO del pasado Aprendiendo del pasado Aunque el kirchnerismo ha desaprovechado valiosísimas oportunidades para el cambio en los últi­mos años, todavía estamos a tiempo de utilizar parte de la excepcional coyuntura internacional ini­ciada a comienzos de la década a favor de una política de reformas modernizadoras, distributivas y democráticas. Ellas pueden orientarse bajo un sintético lema:más Estado y más mercados. Argentina sólo podrá ser una democracia en serio cuando sea también un capitalismo competitivo 9