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Izquierda democrática : el difícil camino de la unidad en la diversidad
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IZQUIERDA DEMOCRÁTICA: EL DIFÍCIL CAMINO DE LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD El reformismo EL REFORMISMO EN LOS AÑOS DE MENEM en los años de Menem El año 1989 es un parteaguas histórico en el mundo y en la vida nacional. Con una llamativa simul­taneidad, implosionaba en Europa el mundo delsocialismo real y estallaba un paradigma socioe­conómico en la Argentina. Mientras se derrumbaba el muro de Berlín, el incendio hiperinflacionario cerraba una larga etapa histórica en el país, cuyo comienzo podría fecharse en las décadas del treinta y del cuarenta del siglo pasado, caracterizadas por un desarrollo centrado en el mercado in­terno y la centralidad del Estado en el arbitraje de la puja distributiva intercorporativa. Fue una si­multaneidad muy significativa porque permitió al elenco menemista que asumió en julio de ese año, anclar el más profundo viraje sociocultural en varias décadas en un sentido común que recorría el mundo. La quiebra del comunismo, la crisis de los Estados de bienestar europeo, la emergencia de un mundo globalizado, la nueva centralidad del individuo liberado de loslastres corporativos, la competitividad y la inserción mundial como únicos caminos posibles, entre otros tópicos de la época, constituyeron una amalgama argumental capaz de situar a la defensiva a cualquier adversario. Ninguno de los afluentes centrales de la izquierda argentina saldría indemne de este temporal de época. Los sectores más progresistas del peronismo tenían que dar cuenta del hecho notable de que fuera un gobierno justicialista el que pusiese en marcha un proceso de transformaciones raigales en clave neoconservadora. Menem no les ahorró ningún disgusto: vieron como uno de los jefes del golpe de Estado que derribó al primer gobierno de Perón pasaba a ser un nuevo compañero de ruta del presidente, soportaron la proclamación de lasrelaciones carnales del país con Estados Unidos, en tiempos de la primera invasión al Golfo, y hasta los militares que en­cabezaron el terrorismo de Estado en nombre de laDoctrina de Seguridad Nacional fueron in­dultados por el gobierno. El lugar de la izquierda no peronista no fue más confortable: con el Muro de Berlín se derrumbaba una mitología cuya fascinación había desbordado notablemente los límites del comunismo prosoviético para constituir un punto de referencia reconocido aun por sus más encendidos críticos. En los primeros años de la década del noventa, en medio de un clima de desaliento y perplejidad, es cuando nace una de las experiencias más ricas que puedan situarse en el lugar de referencia an­tecedente de este inexistente, y acaso improbable, sujeto político del reformismo argentino. Y una de las fuerzas impulsoras de esa experiencia, acaso la principal, surgió de una escisión del Partido Justicialista: el llamadogrupo de los ocho se alejó del justicialismo invocando la necesidad de res­catar al peronismo de lo que interpretaban como la traición de Menem. Esa apelación en clave pe­ronista no sobrevivió demasiado al rotundo fracaso de la corriente en las elecciones parlamentarias de 1991, en las que el menemismo revalidó la primacía electoral obtenida dos años antes con la promesa delsalariazo y larevolución productiva. En esos años se desarrollaba una crisis importante en el Partido Intransigente: después de su exitosa irrupción en 1983, como expresión progresista de amplios sectores medios urbanos, el partido fun­9