CHACHO ÁLVAREZ- JULIA PEYRANI diálogo o del derecho internacional, que gane autonomía relativa frente a una globalización injusta y que sea capaz de complementar sus modelos de desarrollo ganando competitividad y mejorando su inserción en la economía mundial, puede constituir sin duda la emergencia de un nuevo actor colectivo a escala global. Es ganarse un lugar importante en el mundo que comienza a prefigurarse, sobre todo cuando la región latinoamericana, y específicamente Sudamérica da cuenta de riquezas y capacidades estratégicas insustituibles. De aquí que la mirada y la acción sobre la integración necesitan ser renovadas permanentemente desde distintas ópticas, desde el plano político, económico e intelectual para conformar una masa crítica ampliada que permita revalorizar la tarea al calor de las nuevas condiciones internacionales. Los procesos nacionales y el compromiso con la integración Los procesos nacionales LOS PROCESOS NACIONALES Y EL COMPROMISO CON LA INTEGRACIÓN y el compromiso con la integración Es evidente que la mejor visualización de la región está dada hoy por la mejora de los indicadores económicos y sociales en la mayoría de nuestros países. Es decir, que continúa siendo muy importante el fortalecimiento de los procesos nacionales, la disminución de las vulnerabilidades externas, la complementación del Estado y el mercado, la solidez de la política macroeconómica y la asociación entre crecimiento e inclusión social, aunque el combate a la pobreza, la exclusión y la desigualdad siguen siendo las principales asignaturas pendientes de la región. En este sentido, durante muchos años fue muy difícil pensar en un proceso exitoso de integración en el marco de inestabilidades pronunciadas, inflación descontrolada, alto nivel de endeudamiento externo y la posibilidad de sufrir crisis estructurales ante cualquier alteración en la economía mundial. Sin embargo, la consolidación del sistema democrático en la totalidad de los países sudamericanos, el crecimiento sostenido de sus economías y el combate exitoso contra la indigencia y la pobreza, posibilitan un ciclo de estabilidad en el cual empieza a ser factible armonizar el corto plazo con una visión estratégica, y articular lo urgente a nivel nacional con lo importante en el plano regional. Cada Estado-Nación dialoga e interactúa mejor con la agenda regional más allá de las tensiones, asimetrías, trabas y conflictos que siempre se van a producir en esta dialéctica entre desarrollo nacional e integración regional. Sobre todo, cuando los sudamericanos debemos ejercitarnos en un camino propio, pues de nada nos serviría pretender imitar acríticamente el modelo de integración europea, que con sus éxitos y problemas respondió y responde a una realidad histórica, geopolítica, económica y social muy diferente a la nuestra. Es importante tener el proceso de la unidad europea como una referencia y al mismo tiempo lograr avanzar en una dinámica propia, ya que a nuestros países les fue mejor cuando nuestros gobernantes fueron capaces de pensar y ejecutar modelos propios de desarrollo. En cambio, cuando compramos modernizaciones llave en mano, o recetarios generalistas diseñados por quienes desconocen nuestras especificidades nacionales y regionales, en general y salvando algunas excepciones, la experiencia no fue buena. 6
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Los caminos de la integración : situación actual, complementación y proyección de los distintos organismos de la integración
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