Introducción: la situación socio-laboral de Venezuela Venezuela ha fracasado en el intento de transformarse de un país rentista y dependiente a uno industrializado y productivo. Esto no es nuevo, pues los esfuerzos en este sentido datan de los años 50. Sin embargo la situación se ha agravado durante la presente década, producto de una política económica que incentiva la importación de productos, debilitando al sector manufacturero y descuidando políticas para el fortalecimiento de otros sectores como el de servicios (turismo o fomento de actividades basadas en el conocimiento). En concreto, no ha sido posible la creación de la infraestructura necesaria para garantizar la soberanía productiva(Lucena, 2011b). El comportamiento del principal indicador de productividad, el Producto Interno Bruto(PIB), así lo refleja: específicamente el PIB del sector manufactura se incrementa significativamente entre 1950 y 1980: 221% en los 50’, 114% en los 60’ y 97% en los 70’. Sin embargo en las siguientes tres década(1980-2010) el comportamiento del indicador se revierte pasando de un 15% de crecimiento en los 80’ a un 1% en los 90’ hasta hundirse durante la primera década del siglo XXI con un dramático decrecimiento(-7%)(Lucena, 2011b). En definitiva todo ello se traduce en una pérdida de empleos formales, protegidos por la seguridad social y los convenios colectivos y en un debilitamiento del aparato productivo. El incremento de la dependencia de la industria petrolera, a lo que se suman las limitaciones a la libertad empresarial y autonomía sindical, el desestímulo a la inversión, la inseguridad jurídica y un desequilibrio en términos del intercambio comercial, enmarcan las relaciones de trabajo y de empleo de la Venezuela de hoy. El conjunto de estrategias, planes y políticas impulsadas desde el Gobierno a partir del año 1999 no han generado los resultados esperados. Las cifras del desempleo(8,8%-2do semestre 2011-) que afecta a más de un millón cien mil personas, no es el único indicador que debe considerarse para entender la verdadera situación que se vive en esta materia(INE, 2011). Una escasa capacitación de los trabajadores 1 y un crecimiento concentrado en los sectores menos productivos se unen a una alta tasa de precariedad que no permite conectar el bienestar social con el crecimiento económico. Al cierre de 2008, siete millones de personas(64% de la población ocupada) se desempeñaban en empleos precarios(Zuñiga, 2010) 2 . Adicionalmente, el país mantiene a más de cinco millones de personas en el sector informal de la economía, estando gran parte de ellas en situación de minusvalía. A esto se suma la alta tasa de desempleo juvenil(jóvenes entre 15-24 años de edad), la cual ronda el 20%. 1 En 2008 solamente el 41% de la población entre 15 y 64 años contaba con bachillerato, nivel educativo formal mínimo para incrementar sus posibilidades de inserción en una ocupación productiva(Zuñiga, 2010). 2 La precariedad se mide en dos dimensiones: 1. subutilización del recurso humano disponible y 2. deficiencias de la inserción. El concepto de precariedad lo integran 5 indicadores. Dos de ellos responden a la dimensión subutilización del recurso humano: a) grado de utilización del recurso humano y b) duración de la jornada laboral(comúnmente denominada subempleo). Mientras que las deficiencias de la inserción contempla: a) salarios, b) condiciones de ocupación y c) beneficios laborales. 1
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El movimiento sindical venezolano frente a la situación socio-laboral : desafíos y propuestas
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