geopolítico forzado y desmedido que el actual gobierno venezolano efectuó del Caribe y el Área Andina hacia el Sur, desequilibró las interdependencias externas del país. En un intento de reducir la dependencia ante Estados Unidos, nos hicimos altamente dependientes de la influencia de Brasil. Venezuela debería“volver” plenamente al Gran Caribe, no en busca de un rol hegemónico sino de una sana inserción basada en buenas relaciones con todas sus naciones grandes y pequeñas, con abandono de discriminaciones ideológicas“anti-imperiales” o“anti-oligárquicas”. Esta reinserción y reanudación de vínculos tradicionales debería conllevar un pronto reingreso a la CAN y a una reconstitución del G-3. De esa manera se restablecería el equilibrio geopolítico y geoeconómico entre Venezuela, México y Colombia y el área andina, por un lado, y la esfera de influencia de Brasil por el otro. La política del actual gobierno venezolano de acercamiento económico a China es sensata en su esencia, ya que responde a los cambios en la estructura del poder en escala global, aunque debe ser revisada a fin de corregir aspectos asimétricos y ventajistas de los acuerdos suscritos. Dentro de esa perspectiva de continuado y creciente intercambio con China, Venezuela debe poner en obra una estrategia tendiente a facilitar sus comunicaciones y acceso al Océano Pacífico y Asia Oriental, abandonando sus reticencias e intensificando su cooperación con los países del Arco del Pacífico. La normalización e intensificación de las relaciones de Venezuela con dichos países requerirá de una desburocratización de nuestros intercambios comerciales. Las futuras relaciones venezolano-cubanas deberán modificarse en un sentido de desideologización y eliminación de toda intervención indebida de Cuba en los asuntos internos de Venezuela. La asistencia petrolera y financiera venezolana a Cuba (como a otros países del Caribe y del mundo en desarrollo) deberá reducirse en una medida acorde con la primacía que corresponde a las necesidades de nuestro propio pueblo. Pero la amistad histórica entre los pueblos de Cuba y de Venezuela requiere la continuación de relaciones binacionales normales, con la adecuación de los acuerdos suscritos a los nuevos parámetros fundamentales de la política exterior venezolana. Una Venezuela democrática y soberana, sin dogmatismos, podría prestar sus buenos oficios para contribuir a una eventual normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En las relaciones entre Venezuela y los países beneficiarios de los programas de PETROCARIBE, deberán abrirse conversaciones multilaterales y bilaterales caracterizadas por la franqueza junto con la mayor cordialidad. Venezuela aclarará que la desmedida –e interesada- generosidad financiera desplegada por el gobierno actual no responde a las verdaderas posibilidades socioeconómicas venezolanas y que deberá haber ajustes que permitan atender necesidades perentorias de nuestro propio país. Por otro lado, se comprometerá a mantener los programas esenciales(directos o eventualmente compartidos en el seno de un G-3 reconstituido), así como renunciar a cualquier condicionamiento ideológico o estratégico de la cooperación petrolera. Venezuela debe abrir una era de relaciones de verdadero respeto hacia los países caribeños de habla inglesa, holandesa y francesa. En la época de la llamada“cuarta República” existió el respeto formal pero faltaba eficiencia en la prestación de cooperación efectiva e importante. Bajo el régimen actual, la cooperación material ha sido generosa, pero acompañada de una arrogante exigencia de conformidad y sumisión ideológicas y estratégicas. 6
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La geopolítica del Caribe y sus impicaciones para la política exterior de Venezuela
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