sión internacional del trabajo, la dependencia científica y tecnológica, así como desprenderse de la dependencia comercial de las grandes corporaciones internacionales. Propulsar la mejor adaptación y articulación de la producción agroindustrial nacional y los bienes de exportación del país con los mercados internacionales. En definitiva, la industrialización debe ser uno de los objetivos centrales del país productivo por su contribución a la agregación de valor, la generación de empleo genuino, la incorporación de tecnología y canalización de excedentes hacia el exterior...» La articulación entre país productivo y país social nos conduce a una tercera pieza del modelo de desarrollo que será la construcción superadora de las viejas formas de relacionamiento entre estos actores, los empresarios y el gobierno, generando nuevas formas de responsabilidades de unos y otros. No es fácil ni menuda la tarea, pero solamente de esta manera se generará un nuevo núcleo duro que permitirá ir produciendo los cambios necesarios y profundos en nuestra estructura productiva. Algunos empresarios han manifestado por sus actitudes y sus propuestas, que se han dado cuenta que las viejas prácticas lobbistas que en otras épocas les resultaron favorables a sus intereses y que los hicieron crecer y mantenerse con sus empresas, ya no sirven. Los cambios operados en el mundo y la apertura de mercados han dejado al descubierto que se necesita muchos más que conseguir algún beneficio o alguna prebenda por parte de los gobiernos. Las empresas deben ser competitivas en el mercado abierto. El país necesita insertarse de otra forma en la región y en el mundo. Las ventajas comparativas dejaron de ser la única base de la riqueza y lo que más importa son las ventajas competitivas, que suponen una combinación de recursos para crear productos y servicios con valor agregado. Las ventajas competitivas tienen fuerza en lo local porque tienen que ver con el conocimiento de clientes, necesidades de mercado, etc. El desarrollo de la productividad se centra en la competitividad de las empresas de un país, y la competitividad depende cada vez menos de qué industrias sino de cómo compiten como son sus operaciones y estrategias. Esto también dentro de la relatividad de tener en cuenta cuales son las condiciones de partida y su entorno. Uruguay, país pequeño y con imposibilidad de producciones de gran escala tendrá que tenerlo en cuenta, quizás la inversión en tecnología y la utilización de estrategias más sofisticadas sea la clave del desarrollo productivo. El desarrollo económico y la profundización de la democracia En esta dirección la articulación generará una base fundamental del cambio ya que nosotros venimos de una década, la pasada, donde hubo un relativo crecimiento pero sin distribución. Algunos sectores se vieron beneficiados y vivimos una verdadera burbuja financiera que incluso generó niveles de vida mejores, para algunos sectores medios, que fueron efímeros. Por detrás de esto crecían los asentamientos, el desempleo, el analfabetismo, la infantilización de la pobreza, la fragmentación social y la marginación. En este sentido plantea Inglehart: «... El desarrollo económico lleva a dos tipos de cambios que son conducentes a la democracia: 1. Tiende a transformar la estructura social de la sociedad, trayendo urbanización, educación masiva, especialización ocupacional, crecientes redes organizativas, mayor igualdad de los ingresos, y una variedad de desarrollos relacionados que movilizan la participación masiva en la política. 2. El desarrollo económico también es conducente a cambios culturales que ayudan a estabilizar la democracia. Tiende a desarrollar la confianza interpersonal y la tolerancia, y lleva a la difusión de valores pos– materialistas que dan una prioridad a la auto–expre15
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Nuevas? : Estrategias de relacionamiento entre empresarios y gobierno
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