“viveza criolla”, la“indisciplina” y el“pantallerismo”. Estos antivalores generan un enorme cúmulo de males que afectan no sólo a sus portadores sino a sus familias, a las empresas donde trabajan, a la sociedad y a la misma vida política del país. En verdad, impiden el buen funcionamiento de las instituciones(esquemas de sus efectos se anexan a este documento). Aun cuando existen en el país investigaciones que los demuestran, también son fáciles de apreciar cuando se vive y se trabaja o se estudia en un país desarrollado. También los inmigrantes europeos se percatan de ellos y cada uno tiene su manera de expresarlos. En el Capítulo V se proponen soluciones para sustituir los antivalores por valores apropiados y anexamos también a este estudio una breve propuesta de cómo los “medios” pueden cooperar activamente en el desarrollo de los valores. Este estudio no está incluido en el libro. Es de notar que la vinculación de los valores y la prosperidad ha sido objeto de estudio de numerosos investigadores e intelectuales. En el Capítulo IV se reseñan, entre otros estudios, a dos economistas que son Premio Nobel y que han escrito libros sobre el tema. Lo que falta en los planes de seguridad del Estado El problema de la seguridad personal es común a las grandes ciudades de América Latina, especialmente en los sectores marginales. A mayor marginalidad más delincuencia. Y, si el problema no ha sido resuelto en ningún país, todo parece sugerir que hay datos de la realidad que no han sido considerados en los planes de seguridad ciudadana. Probablemente, ese dato sea el siguiente: Por ejemplo, hay barrios en Caracas que tienen mayor población que la del Estado Cojedes y este Estado cuenta con Gobernación, Asamblea Legislativa, sistema tribunalicio y unidades hospitalarias, educativas y de toda índole que han establecido los órganos y ministerios del poder central del país, además de seis municipios, todos con su policía y demás servicios comunales. Sin embargo, en la medida en que crecen las ciudades aumentan la marginalidad y la delincuencia. Los barrios están sometidos a bandas de jóvenes delincuentes que controlan la comunidad. Los“marginales” están excluidos de la vida civilizada, viven en la“selva” donde rige la ley del más fuerte. Por falta de organización, los barrios no suelen contar con la presencia permanente y suficiente de policías. Los operativos suponen una presencia transitoria. Por eso, los delincuentes terminan siendo respetados, y hasta admirados, por los demás jóvenes. Esa es una situación muy diferente a la que se vive en los pueblos pequeños. En éstos, la delincuencia es casi inexistente, y esto ocurre así por la presencia permanente de la autoridad y porque la gente no vive aislada sino que tiene mayores relaciones entre sí y con la comunidad. Por esta razón, en la medida en que se pueda reproducir la“vida de pueblo” se contribuiría a erradicar la delincuencia. 16
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