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Solidaridad en tiempos de crisis económica : desafíos y expectativas de los sindicatos europeos
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Annelie Buntenbach Las alternativas son posibles y necesarias Durante los próximos cuatro años, Europa debe enfrentar la tarea de superar las conse­cuencias de la mayor crisis social, económi­ca y financiera desde la década de 1930, que también se ha convertido en la crisis del euro. En consecuencia, la Unión Europea debe vér­selas con la prueba más dura desde su crea­ción. Europa debe demostrar que aprendió la lección correcta que le enseñó la crisis y lograr el control de los mercados financieros a través de su regulación rápida y efectiva, en especial, combatiendo la especulación y eliminando los paraísos fiscales. Al mismo tiempo, Europa tiene que proporcionarles a sus ciudadanos la seguridad de que la crisis actual no será el pretexto utilizado para finalmente sacrificar su modelo social en favor del mercado. Además, es impostergable que se convierta en más de­mocrática y transparente. Para ello, debe po­ner fin a la hegemonía del Consejo Europeo y lograr la participación de los interlocutores sociales de forma adecuada. Por lo tanto, fue un error aceptar el Pacto por el Euro Plus cuya intención, por una parte, fue mejorar la competitividad de la zona del euro solo a costa de los trabajadores europeos y, por la otra, fue un intento de revertir las deu­das del sector público generadas por la crisis económico-financiera principalmente a tra­vés de enormes recortes en los sistemas de bienestar social. Bajo la presión de los mer­cados financieros, el Consejo Europeo y la Comisión Europea impulsaron un cambio de paradigma que, en última instancia, volvió a las viejas ideas. Los que provocaron la crisis han quedado inmunes: los bonos y los pagos extraordinarios se distribuyen generosamente entre banqueros y directores, mientras que los trabajadores que generan todo esto se enfren­tan a una mayor reducción de sus ingresos. Deben soportar enormes recortes en la asis­tencia social y sanitaria, y sus salarios reales se reducen en numerosos Estados miembro (como Grecia, Rumania e Irlanda), con trabas salariales anunciadas ante el resto de los tra­bajadores. Pero eso no es todo. En el trans­curso de la crisis, algunos sectores de la elite política intentan desbaratar las propias raíces de la libre negociación colectiva. En los países endeudados, los acuerdos salariales vigentes se han visto interferidos con salarios mínimos acordados y reducidos. Bajo el disfraz de la política de pagos orientada a la productividad, el Pacto por el Euro Plus menoscaba los pro­cesos de formación salarial desarrollados a través de muchos años al exigir la descentrali­zación de la determinación salarial y al querer 9