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Solidaridad en tiempos de crisis económica : desafíos y expectativas de los sindicatos europeos
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David Begg Para la ces , se trata de volver a los principios básicos El colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008 precipitó una crisis bancaria que re­percutió muy duramente en Europa, en par­ticular en los países periféricos. La condición preexistente de los mercados de capitales no regulados facilitó los préstamos interbanca­rios entre países en niveles sin precedentes. No obstante, el colapso de confianza y segu­ridad posterior a la desaparición de Lehman se manifestó rápidamente como una crisis de liquidez y en una consecuente crisis de sol­vencia bancaria. Si bien el problema es más severo en los países periféricos, muchos ban­cos en los países centrales son acreedores de los bancos en aquellos países. Independientemente de los resultados de la crisis bancaria, no cabe duda de que las res­tricciones fiscales controlarán la creación de políticas públicas en toda Europa durante mu­chos años por venir. El Consejo Europeo ya ha realizado numerosos intentos fallidos para en­contrar un camino hacia la recuperación. La­mentablemente, en apariencia, estos intentos carecen de coherencia debido a la importante influencia de las políticas nacionales y al pro­ceso paralelo de intenso intergubernalismo. Las soluciones propuestas hasta el momento parecen haberse concebido en torno a versio­nes más extremas del tipo de economías libe­rales de mercado que generó el problema en primera instancia. No es menor que, tres años después, solo se hayan aceptado reformas mínimas del sistema financiero mientras se atacan abiertamente la negociación colectiva y las instituciones neocorporativistas a través del llamado«Pacto de Competitividad». La verdad es que, en este momento, Europa no necesita un pacto de competitividad sino un pacto de solidaridad. A menos que todos los países reactiven el crecimiento económico, los desequilibrios existentes se profundizarán, y los niveles de deuda serán insostenibles. La mayoría de los políticos y los ciudadanos quieren conservar la moneda única. No obs­tante, la crisis ha dejado en evidencia las divi­siones en relación con la existencia real o no de una moneda óptima, y la ausencia de una institución para la coordinación económica que se desempeñe como el Banco Central Eu­ropeo( bce ) lo hace con la política monetaria. El punto es que poner fin a la crisis y abordar estos déficits estructurales significa grandes cambios, cambios que exigen un apoyo pú­blico generalizado. En mi opinión, la tarea de la ces es garantizar que los intereses de los 11