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Cómo puede enfrentar el sindicalismo a las empresas multinacionales
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de indumentaria y calzado e incluso los reco­lectores de basura reciclable. Esto significa un cambio importante en el per­fil de la clase trabajadora, que ya no está he­gemonizada por los artesanos anteriores a la Revolución Industrial, ni por el obrero europeo del siglo xix que inspiró las reflexiones de Karl Marx, ni por el obrero fordista, sin calificación profesional, que despuntó a partir de los años 20. Hoy, la clase trabajadora tiende a dividirse cada vez más entre una minoría altamente ca­lificada, contratada regularmente con salarios y beneficios razonables, y una mayoría com­puesta por trabajadores que transitan entre la formalidad y la informalidad, con baja cali­ficación profesional, salarios reducidos y po­cos derechos. A estos dos grupos se suma un sector significativo de excluidos, que sobrevi­ve al margen del sistema. El cambio de paradigma productivo, la confor­mación de cadenas globales, el nuevo perfil de la clase trabajadora y el poder de las em­presas multinacionales requieren que los sin­dicatos adopten nuevas estrategias para po­der cumplir su papel de defender los derechos e intereses de los trabajadores. En este texto se evalúan el poder y las políticas de las em­presas multinacionales en América Latina y se analizan algunas experiencias sindicales bra­sileñas de respuesta. El poder de las multinacionales Para los marxistas, la empresa multinacional es el ejemplo clásico de una organización in­ternacional que funciona como herramienta de explotación y mecanismo de dominación y que promueve el subdesarrollo. La búsqueda de la eficiencia del mercado orienta a las multinacio­nales a buscar patrones laborales y ambientales débiles. Muchas empresas multinacionales usa­ron el trabajo de menores y prisioneros con tal de reducir sus costos. Se instalarán donde los traba­jadores no están representados por sindicatos o por la negociación de cualquier tipo de contrato colectivo, de modo de mantener bajos sus costos de mano de obra.(Pease, p. 82.) Para invertir la lógica de subordinación de lo nacional a lo multinacional, los Estados na­cionales deben poseer el poder coercitivo su­ficiente para obligar a las empresas a cumplir con la legislación nacional, sobre todo en los aspectos laborales y ambientales. El principal obstáculo a la libre actuación de las compañías multinacionales son los Estados nacionales, que defienden objetivos de desarrollo econó­mico y pleno empleo para cada país en detri­mento de los intereses de las empresas(Pease, p. 83). Por esa razón, el cambio de paradigma económico vino acompañado por una serie de propuestas para liberalizar las economías y re­ducir el poder de intervención de los Estados nacionales. Desde comienzos de los 80, en muchos países, estas ideas se transformaron en programas neoliberales de gobierno. Las multinacionales son las instituciones más poderosas del mundo, pero sin la intervención directa de los gobiernos –como el de Margaret Thatcher en Reino Unido, el de Ronald Reagan en eeuu y más tarde otros en todo el mun­do– nunca hubieran conseguido implementar de forma tan veloz y radical las políticas de liberalización comercial, desregulación, priva­tizaciones y desmantelamiento del Estado de bienestar(Chesnais, p. 34). Debido a estas políticas de liberalización fi­nanciera, al auge de las nuevas tecnologías y a la apertura de los países a la inversión ex­tranjera directa( ied ), el número de empresas multinacionales se expandió extraordinaria­mente. En 1969 existían alrededor de 7.000 y en 1996 ya eran 44.000, con 280.000 subsidia­rias distribuidas en todo el mundo(cut, p. 8). La ied aumentó significativamente, aunque no de forma lineal: la media anual de inversiones externas directas de las empresas multinacio­nales entre 1982 y 1986 fue de 61.000 millones de dólares y llegó a 359.000 millones en 1996. El récord se registró en 1999, con 865.000 mi­llones( C iosl , p. 35). La principal fuente de ied son las empresas multinacionales de cinco países, de donde provienen dos tercios del total de la inversión: eeuu , Alemania, Inglaterra, Japón y Francia