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La política laboral de los gobiernos progressistas
Entstehung
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trabajo en el futuro como una relación de tra­bajo y formación 9 , en la que se alternarán, en cada vida laboral, periodos de trabajo efectivo con otros de no trabajo dedicados en parte a la recapacitación y en parte al ocio, la cultura, el deporte, la acción social, etc. En ese escenario, es indispensable abordar el tema del ingreso mínimo garantizado o renta mínima de inserción, cuya implantación tiene un cierto grado de desarrollo en Europa, pero apenas algunos pocos y tímidos esbozos en Latinoamérica. Esto supone más y no menos seguridad social; no menos, sino más Estado social. Conclusiones Parece evidente que asistimos a un cierto en­lentecimiento del empuje neoliberal en mate­ria de relaciones laborales y que existen al­gunos indicios de cambios. Algunos de estos cambios, que apuntan a la reformulación de una política laboral protectora, responden a la asunción de gobiernos progresistas. Pero eso no ha sido así en todos los casos(hay impul­sos de reprotección laboral en países donde gobierna la derecha), ni fue igual la extensión e intensidad en todos los casos. Si este diagnóstico fuera correcto, y siempre que ocupar el gobierno no sea la única fina­lidad de los sectores progresistas, tanto ellos como el movimiento sindical deberían tomar posición sobre algunas cuestiones. En primer lugar, la definición de un modelo de política laboral progresista o posneolibe­ral, que no podrá ser la mera restauración del sistema anterior. Esto implica encarar una re­construcción de la protección del trabajador. Algunos elementos de ese modelo podrían ser la revalorización de la continuidad de la rela­ción de trabajo, la capacitación, el desarrollo de los derechos laborales como derechos hu­manos, la acción internacional y la recupera­ción de la seguridad social. Otro aspecto central es el análisis de los obs­táculos concretos que la reconstrucción de una política laboral favorable a los trabajado­res enfrenta en cada país, ya que la estrategia será diferente si la resistencia se encuentra en el Congreso, en el peso de los intereses eco­nómicos empresarios, en los compromisos políticos preasumidos, en el bloqueo cultural o ideológico, etc. Es crucial, por lo tanto, el tipo de relación entre el movimiento sindical y el gobierno progresis­ta en cuestión. El carácter de esa relación varía en el espacio y en el tiempo. Más allá de que en algunos países es más o menos orgánica y en otros no, es necesario analizar hasta dónde la capacidad de presión sindical sobre las me­didas del«gobierno amigo» se ven mediatiza­das por la participación del propio sindicalismo en el gobierno. Es necesario analizar también las experiencias, como la de España y tal vez la de Chile, en las que, en cierto momento, el sindicalismo llegó a ser percibido por el«go­bierno amigo» como una pesada mochila de la cual sería tentador desembarazarse. Pero, en todo caso, el movimiento sindical siempre debería tener(al menos en teoría) un margen de maniobra ante un«gobierno amigo». Esto obliga a una suerte de introspección sindical. También parece necesario tener en cuenta los cambios positivos que se han dado, incluso en países con gobiernos conservadores, por vías jurisprudenciales. Al fin y al cabo, una línea jurisprudencial firme puede ser tanto o más eficaz que una ley. Y, finalmente, es importante fortalecer la ac­ción internacional, absolutamente insoslaya­ble a causa de la globalización, pero no me­nos importante porque en ese terreno también 9 Ver Alain Supiot: Crítica del Derecho del trabajo, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 1996, p. 290, y Jean Bois­sonnat: 2015: Horizontes do trabalho e do emprego, LTR, San Pablo, 1998, pp. 215 y 223. 14