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El factor energético y las perspectivas de integración en América del Sur
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IX Chile ante el desafío energético Raúl Sohr Chile es uno de los países menos favorecidos en términos de recursos energéticos en América Latina de donde se podría concluir que semejante carencia habría empuja­do al país a una política de integración vecinal y regional en la materia. Sin embargo, no es así. Por el contrario, las experiencias negativas en el abastecimiento de insumos energéticos han llevado a su gobierno a la búsqueda de soluciones que le garanticen la mayor autonomía. Las autoridades chilenas estiman que Argentina incumplió los acuerdos de pro­visión de gas. Bolivia ha condicionado sus ventas gasíferas a la obtención de una salida soberana al Océano Pacífico. Perú, en tanto, evalúa aún su potencial exportador. Las repercusiones económicas y medioambientales ocasionadas por la escasez energética han impulsado la adopción del gas natural licuado importado desde diversos países extra regionales. En todo caso, Chile sigue con atención las diversas iniciativas que le permitan obtener insumos del entorno vecinal o regional. El panorama energético chileno en 2007 Chile vivió el año 2007 al filo de la navaja en materia de abastecimiento ener­gético. Los pronósticos anuncian todavía dos años de gran incertidumbre. Santiago, la capital, estuvo en varias oportunidades al borde de quedar sin el gas natural provenien­te de Argentina. En dos ocasiones, por períodos de 24 horas, el gasoducto entre los dos países no recibió inyección de gas alguna. Un invierno especialmente crudo, en el que incluso Buenos Aires tuvo una insólita nevada, determinó un consumo mayor y en ambas capitales se experimentó una drástica escasez. Para los chilenos la llegada del gas se redujo al consumo domiciliario. Las plantas termoeléctricas y las industrias debieron recurrir a la quema de petróleo diesel. La importancia decisiva del combustible argentino para Chile queda de mani­fiesto al considerar la composición de su matriz energética. En la generación eléctrica chilena se aprecia un cambio radical en el curso de 2007 pues al comienzo de ese año el gas representaba 15% del combustible destinado a las centrales termoeléctricas en tanto que el diesel alcanzaba el 2% pero en junio la participación del gas era nula 241