países árabes como Argelia, Jordania, Egipto, Líbano, Yemen, Bahrein, Libia, Siria, Marruecos, Irak, Arabia Saudita, Kuwait, alcanzando también al persa Irán. No obstante lo diverso de su desarrollo, es posible identificar ciertos denominadores comunes a esas crisis. En efecto, se ha tratado de agitaciones político-sociales de poblaciones mayoritariamente jóvenes, contra regímenes despóticos en reclamo de libertad y oportunidades de mejora en la calidad de vida. Han sido movilizaciones, protestas y enfrentamientos en cuyo momento inicial el factor religioso no figuraba en los argumentos de quienes centraban su reclamo en la renovación de regímenes y liderazgos que parecían inamovibles. Puede decirse que no obstante su manifestación y peso en la evolución de ciertos casos – como Egipto y Siria- el trasfondo religioso no parece tener significación decisiva. Los líderes más cuestionados y renuentes a hacer concesiones habían permanecido en el poder entre veinte y treinta años – en los casos de Zine el Abidine Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto- o más de tres décadas – como Alí Abdulá Saleh y Muammar Gadafi en Yemen y Libia. En el caso sirio, los casi doce años del gobierno de Bashar al Asad vienen precedidos por los treinta de mandato personalista de su padre, Hafez al Assad. El contexto internacional en el que se produjo la seguidilla de eventos que sorprendió a gobernantes y analistas de aquella región y del mundo, merece ser considerado desde tres ángulos: los medios utilizados; los cambios geopolíticos mundiales y regionales identificables en torno a ellos, que reflejaron y reforzaron las crisis sucesivas, y, no menos importante, su encuadre e impacto en la institucionalidad jurídica y política internacional. En cuanto a los medios movilizados, ganaron enorme relevancia la combinación de recursos tecnológicos novedosos, tales como las redes virtuales de comunicación y la transmisión instantánea de mensajes e imágenes. Pero también la han tenido medios más convencionales, tales como las grandes concentraciones de personas; las protestas callejeras pacíficas, más y menos organizadas; la represión gubernamental en diversa intensidad y; la organización de resistencia armada y su recepción de armamentos desde el exterior, de modo abierto o soterrado. Tal combinación de recursos, apenas esbozada, mostró a propios y extraños la enorme complejidad de esas crisis, en la frontera entre realidades y prácticas de distintos tiempos. Otro rasgo común en cuanto a los medios movilizados, es que en medida desconocida hasta el presente, el desarrollo de estas crisis ha tenido un intenso seguimiento que las ha mantenido hasta el presente bajo intenso escrutinio público. Respecto a los cambios geopolíticos que esta sucesión de crisis ha colocado en primer plano, se han constatado las transformaciones en la distribución del poder y, sobre todo, en la distribución de intereses entre las potencias, las potencias emergentes y los actores regionales. Respecto a Europa y Estados Unidos, han quedado en evidencia algunos cambios en la distribución de intención, capacidad y disposición a actuar. La cercanía geográfica y de intereses han estimulado un involucramiento mayor de Europa y un papel menos protagónico para Estado Unidos que – aunque sin duda importante tras bastidores y en el Consejo de Seguridad de la ONU y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte- se ha 2
Druckschrift
Crisis y cambios en el Norte de Africa y el Medio Oriente : implicaciones para Venezuela y su política exterior en el contexto latinoamericano
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten