En el caso de Siria, los contrastes son mayores pues regionalmente ha habido más cuidado respecto a este tema, visiblemente más complejo, humana y geopolíticamente. A juzgar por las ya citadas votaciones en la Asamblea General – el 19 de diciembre de 2011 y el 16 de febrero de 2012- las voces disonantes en América Latina han sido las de los cinco miembros“duros” de la Alianza Bolivariana. Quizá ninguno de ellos ha sido más abierto que Venezuela en su apoyo al régimen de Assad, como lo confirma la voluntad mantener el envío de combustible que se sabe necesario para la movilización de los equipos militares gubernamentales. Valga finalmente recordar, como parte ineludible de este cuadro, que las afinidades entre los gobiernos de Venezuela e Irán contribuyen a precisar contrastes respecto a la mayoría de las posiciones latinoamericanas ante las crisis y desafíos geopolíticos y humanos del Medio Oriente y el Magreb. La posición venezolana ha sido de apoyo incondicional al presidente Ahmadineyad, tanto respecto a la cuestión nuclear como a la represión de sus opositores políticos domésticos y su incursión en negocios y acuerdos con países de la Alternativa Bolivariana, en cuyas actitudes de solidaridad – conviene anotar- hay matices respecto a las de Venezuela. En otra posición se ubica la búsqueda de soluciones negociadas en las que viene insistiendo Brasil – y por diversas razones las otras llamadas potencias emergentes – cuando defiende el derecho al desarrollo de energía nuclear para fines pacíficos y promueve la solución de la cuestión iraní por la vía de la negociación y no de las sanciones, con el ya anotado peso que la administración de la presidenta Rousseff ha dado al tema de los derechos humanos. Alejados de simpatías por el régimen iraní se encuentran, cada uno por sus propias razones, países como Colombia y Argentina. Los principios e intereses nacionales de Venezuela El gobierno venezolano ha tenido buen cuidado en sustentar sus posiciones en la defensa de principios del derecho internacional. Sin embargo, al hacerlo, ha privilegiado los inspirados en concepciones de la soberanía y la seguridad que se centran en la seguridad del Estado y el gobierno(no intervención, autodeterminación), que debilitan el alcance de la acción multilateral y niegan el valor de la supranacionalidad. La Constitución venezolana, entre otros postulados del preámbulo, incluye“la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear”; principios cuyo recordatorio es pertinente, en general, para el cuadro aquí descrito. En la parte dispositiva se añade el compromiso con la solución pacífica de los conflictos internacionales lo que, por extensión, valdría en el presente para los de naturaleza subnacional, dimensión que inevitablemente adquiere la protección de los derechos humanos, reconocidos nacionalmente y en los convenios internacionales, de los que Venezuela es parte, como irrenunciables, indivisibles e interdependientes. El gobierno venezolano justificó las rebeliones tunecina y egipcia por obedecer a la negación de derechos económicos, sociales y, aunque con menor énfasis, también los políticos. Luego, en los casos de Libia y Siria – y desde antes en el iraní- ignoró el deterioro de esos derechos y, en particular, los reclamos de libertad que le 10
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Crisis y cambios en el Norte de Africa y el Medio Oriente : implicaciones para Venezuela y su política exterior en el contexto latinoamericano
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